El encanto del centro de Sevilla se halla en su compleja planificación de calles estrechas que a menudo desembocan en coquetas plazas, gallardos templos y bellos rincones. Sin embargo, todo tiene su contrapartida, en especial si se quiere recorrer ese entramado en un vehículo. Ni que decir en un camión. O si se reside en él para sufrirlo.

Un claro ejemplo lo tenemos en la casa número 30 de Ximénez de Enciso, que reconocerán más fácilmente si apuntamos que es habitual reclamo de turistas y curiosos por su florido patio interior. No quedará duda si indicamos que es esa casa en la que, incrustadas en la fachada, lucen varias cruces, recuerdo de un histórico pasado y motivo del nombre de la otra calle que la circunda.

Cruces de la fachada lateral de la vivienda / F. Piñero

Cruces de la fachada lateral de la vivienda / F. Piñero

No obstante, en los últimos tiempos la auténtica «cruz» de sus propietarios le viene por la calle Fabiola, en forma de un incesante tráfico que, en más de una ocasión ha dejado marcas y destrozos en su fachada.

Sin ir más lejos, el pasado miércoles un camión de Lipasam se quedó literalmente encajado en la angostura que comunica Ximénez de Enciso con Santa María la Blanca, cortando involuntariamente el tráfico durante casi una hora, y dando un buen susto a los vecinos.

El problema, más que a la conductora, lo achacan a la ruta. «Los camiones de cierta envergadura no caben. Casi no caben los coches, porque es cuestión de milímetros. A veces hasta se bajan los conductores y colocan una especie de rampa para subirse más fácilmente a la acera», explica uno de los dueños del inmueble, de impecable fachada salvo por las zonas «siniestradas».

Detalle de la fachada de otra vivienda de la calle Fabiola / F. Piñero

Fachada de otra finca en calle Fabiola / F. Piñero

A las doce del mediodía, hora en que se realizó este reportaje, se pudo contar el paso de más de una decena de vehículos de gran tamaño en un tiempo no superior a los diez minutos. Amén de turismos o motocicletas. La mayoría conducía con pericia, pero también a una velocidad llamativa para la estrechez del «circuito», donde poco faltó para el roce.

«Es la única salida que tiene el centro por la zona, y, para colmo, últimamente han convertido esta parte de Santa María La Blanca en zona de carga y descarga, aunque hay una señal clara de que el acceso se reserva a los garajes», comentaba molesto uno de los miembros de la familia Sainz de Rozas.

La historia se repite

No es la primera ocasión en que un vehículo impacta en la vivienda. «En una ocasión, un Ferrari quiso acceder desde Santa María La Blanca, y con la anchura que tenía el coche arañó tanto nuestra fachada como la de la casa de enfrente», explica uno de los dueños.

Incluso recuerdan anécdotas que, pese al lógico susto, evocan con buen humor: «Hace unos 40 años, el giro de la carretera era un ángulo recto, y el cambio coincidía con la puerta. Un día nos encontramos que, un coche de caballos casi se nos había metido en el patio, porque los animales continuaron hacia delante».

Destrozos tras el incidente de Lipasam / F. Piñero

Destrozos tras el incidente de Lipasam / F. Piñero

Son los casos más llamativos, y de los que tienen constancia, aunque «a diario las furgonetas rozan con el retrovisor, se suben a la acera… pero no siempre podemos ver quien lo hace, lo sabemos por el ruido, y por las nuevas señales que encontramos en el exterior, porque una vez que se encajan suelen seguir hacia delante, pase lo que pase».

Al menos en el incidente de Lipasam todo quedó aclarado y «hay buena voluntad para arreglar los destrozos». El servicio antes circulaba por allí dos veces al día. Ahora lo hace sólo una.

«Sólo esperamos que no se demoren los trámites y que no nos cause más trastorno», concluyen, «porque parte del tramo afectado lo arreglamos precisamente el pasado año, y han quedado hasta ladrillos sueltos».

Y es que, para circular por el centro de Sevilla hace falta calma, precisión y milímetros. Esos que, presumiblemente, a veces se exceden.