Un vecino del Cerro del Águila, Juan Manuel Bermúdez Requena, ha escrito un libro que recoge el origen y la evolución de la Velá del barrio, una obra que aúna una intensa labor de investigación, tanto en archivos y hemeroteca como de testimonios vecinales contados en primera persona por sus protagonistas.

«La Velá de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro del Águila» es el título de la nueva obra de este Doctor en Derecho y profesor de la Universidad Pablo de Olavide, quien cuenta con otros libros de ámbito profesional y con decenas de artículos firmados, también de temas históricos y cofrades, aunque se estrena en esta ocasión al escribir sobre su barrio.

«La idea de hacer el libro surge de los propios dirigentes de la actual comisión de festejos de la Velá, quien manifiestan su deseo de contar con una obra que difunda el origen y evolución de esta celebración y que, a su vez, sirva para conocer un poco más la historia del barrio, teniendo en cuenta que la del Cerro es la segunda Velá más antigua que de forma continuada se celebra en Sevilla, únicamente aventajada en cuanto a antigüedad por la de Santa Ana de Triana», explica el autor.

La obra, escrita en colaboración con Luis Montoto Martínez, indaga sobre los orígenes de la celebración, que nace en los años 40 como una fiesta «vinculada estrechamente a los cultos y procesión de la Virgen de los Dolores, por eso la organizaba la parroquia». En la década de los 50 y parte de los 60 la Velá vive «sus años dorados, ya que todo el barrio se vuelca con los festejos, pues por aquél entonces el Cerro aún no se había recepcionado por el Ayuntamiento, por lo que toda la infraestructura sale del bolsillo de sus vecinos».

La Velá se sigue celebrando aunque con algunos altibajos en los años 70 y, durante la Transición, tras la aprobación de la ley de asociaciones y de la eclosión del movimiento asociativo en el Cerro «vuelve a resurgir el festejo gracias a que las entidades del barrio se implican en la Velá ya de manera institucional, otorgándole otra época de esplendor que se mantiene durante la década de los 80», señala Bermúdez Requena.

A partir de 1990 «la Velá vuelve a caer en declive en su modelo tradicional, coincidiendo con que la Virgen de los Dolores deja de salir por el barrio al constituirse la hermandad del Cerro en cofradía de penitencia y concurriendo con la desaparición de algunas entidades muy populares e implicadas en la organización, como fue el caso de la Peña Ñaque».

Por último, «ya a comienzos de este siglo XXI, la Velá evoluciona a un modelo estándar que no tiene la personalidad de los festejos clásicos, donde la fiesta se circunscribe a un recinto determinado y la participación vecinal no alcanza las cotas de antaño». Sin embargo, el autor destaca que «hoy día, gracias a algunos vecinos que conocieron la segunda etapa de esplendor de la Velá, mantienen vivo ese espíritu romántico y trabajan para que no se pierda esta celebración, haciendo un esfuerzo muy loable y digno de admiración».

La Velá ha cambiado mucho con los años aunque, actualmente, hay una tradición que se ha mantenido inalterable a lo largo del timpo, y es que «el besamanos de la Virgen de los Dolores sigue coincidiendo con el fin de semana de la Velá, siendo ésta de las pocas reminiscencias que recuerdan el origen religioso de esta celebración», concluye el escritor.