Si decimos la fiesta por excelencia del Cerro del Águila, a todos los vecinos de la zona se le vendrá un día a la mente, no hay que ser mucho más explícito, incluso se podría escribir en mayúsculas para transmitir toda la pasión que el Martes Santo provoca en los cerreños. Pasión, vivencias, fervor, y así un largo etcétera de adjetivos que podrían definir las miles de sensaciones que vive este barrio señero de la ciudad el día que su hermandad sale a la calle.

Las zonas aledañas a la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores se visten de fiesta, los balcones se engalanan, los vecinos se ponen sus mejores ropas, un hervidero de personas inunda la calle Afán de Ribera a primera hora de la mañana para esperar con paciencia que ponga un pie en la calle su Virgen de los Dolores.

Devota de la Hermandad del Cerro, año 1989

Devota de la Hermandad del Cerro, año 1989

Los achaques de la edad, el dolor de piernas o espalda no son impedimento para que cientos de señoras mayores pongan una hilera de sillas en la calle para hacerle un pasillo a su hermandad. No importa tampoco el tipo de asiento que se baje al portal, bien vale una silla del salón, como una de playa o, las tan vendidas en Semana Santa, plegables, lo que realmente les importa es dar la bienvenida al día culmen del año.

La emoción se hace lágrimas al paso de la Virgen. Dice Francisco Carrera Iglesias, bordador de la hermandad y más conocido como Paquili, que no hay nada que le conmueva más que ver a las señoras mayores llorando por la devoción que sienten «tras esas conversaciones privadas que seguro que están llenas de peticiones y agradecimientos».

Y es que el barrio, la parroquia y la hermandad del Cerro del Águila van de la mano. «La hermandad es el elemento vertebrador del barrio, todo gira en torno a lo mismo», comenta el hermano mayor, José de Anca. Paquili añade que «la hermandad es el cordón umbilical del barrio. La Virgen de los Dolores siempre ha sido el núcleo, para todo el mundo, sin importar que se pofese la religión católica o no».

«El Cerro del Águila el pueblo más cercano a Sevilla»
«El Cerro del Águila era el pueblo más cercano a Sevilla», así define Paquili su barrio. Antes de que el Ayuntamiento de Sevilla recepcionara la zona en la década de los 60, en la parroquia se hacían las gestiones propias de la administración. Tanto es así, que el bordador cuenta que cuando se hizo la red de saneamiento en el Cerro del Águila se usó el censo de la hermandad.

Este arrabal tan mariano ha sabido transmitir de generación en generación la devoción por su «Patrona». Paquili enumera con orgullo a todas sus familiares que se llaman Dolores, «en total, en mi familia hay ocho Dolores. Esto era algo muy típico en el barrio. Hoy día se sigue llevando a gala este nombre entre muchas vecinas, pero nada que ver con lo de antes».

El Cerro del Águila se queda desierto el Martes Santo
El barrio entero se vuelca con la hermandad, vecinos y los que ya no lo son vuelven cada Martes Santo al Cerro del Águila para reunirse con sus familias. Los comercios se cierran, las puertas de todas las casa se abren y la barriada se convierte en andante cuando alrededor de las dos de la tarde el cortejo de la Virgen abandona sus calles, dejando atrás un desierto para llevar a su cofradía hasta la Catedral.

El Cerro del Águila hace suya la hermandad, nada más lejos de la realidad, ya que todos los vecinos contribuyeron en su día para que esta ilusión de poner sus pasos en carrera oficial se cumpliese.

Fue mérito de todos. Según relata Paquili, se hicieron grupos para recoger dinero, «las mujeres iban con bolsas de tela roja reuniendo dinero para las flores, se hacían rifas, en el mercado había huchas. Todos los comercios fueron a una». Tal fue la expectación que creó esta primera salida, que se celebró el 21 de marzo de 1989, que fue la primera hermandad en la que los hermanos tuvieron las túnicas en propiedad, ya que un establecimiento de textiles que había por aquel entonces, llamado Santa Elena, facilitó el pago de las ropas a esos 600 hermanos que procesionaron por primera vez.

Momentos de la salida de la hermandad del Cerro

Momentos de la salida de la hermandad del Cerro

El significado de la Hermandad del Cerro del Águila para los «forasteros»
Cuenta Paquili, visiblemente emocionado, que en la primera estación de penitencia aquella primavera del 89, se vivieron nervios y preocupación, pero afirma «quedamos a la altura». Recuerda que los titulares de los periódicos al día siguiente fueron muy positivos. Entre tantos, menciona especialmente el de ABC de Sevilla: «El Cerro trajo la primavera a Sevilla». A partir de ese día sabían que no debían defraudar a los cofrades.

Y nunca lo han hecho o así lo confirma, Charo Padilla, locutora de El llamador, que lleva 25 años retransmitiendo la salida de la hermandad y asegura que «no veo la diferencia entre la primera salida que hizo la cofradía y la última, siempre ha parecido que llevaban desde siempre haciendo la estación de penitencia y sobretodo nunca ha decaído la ilusión del barrio un Martes Santo».

Petalada a la Virgen de los Dolores

Petalada a la Virgen de los Dolores

Padilla le tiene un cariño especial a la hermandad, confiesa que si le dieran a elegir retransmitir una sola cofradía de Sevilla elegiría la del barrio del Cerro del Águila. «Es inexplicable lo que siento cuando entro con mi equipo en la calle Afán de Ribera, los vellos se me ponen de punta y no puedo contener las lágrimas de la pasión que contagian los vecinos».

Ahora, la periodista de Canal Sur Radio, se acuerda con cariño de esa vecina, Angustias, fallecida hace tres años, que siempre se sentaba frente a la iglesia con su silla para esperar a la Virgen de los Dolores y que cada año abría el programa con ella. Un especial recuerdo que es el vivo reflejo del sentimiento de un barrio entero.

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