José Viola, «Ferviz» como es conocido entre sus vecinos y amigos del Cerro del Águila, remata sus últimos capirotes de nazareno por encargo para que mañana, Martes Santo, los hermanos de la cofradía del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono y Nuestra Señora de los Dolores puedan vestir la túnica.

Ferviz, a sus 87 años de edad, es el capirotero más veterano del barrio, ya que lleva haciendo los capirotes para la Hermandad del Cerro desde el año 89, cuando procesionó por primera vez como cofradía de penitencia. Sin embargo, el artesano asegura que no trabaja en exclusiva para ésta corporación, ya que «me hacen pedidos para la estación de penitencia de otras hermandades de la ciudad», aunque acto seguido aclara que la mayoría de los encargos «sí son para los nazarenos del Cerro del Águila».

Para esta Semana Santa ha realizado «más de 300 capirotes», una cifra «mucho más baja que otros años, casi 200 pedidos menos» ya que «a la crisis se suma que la hermandad del Cerro lleva dos años sin salir por la lluvia, por lo que muchos hermanos tienen todavía su capirote sin estrenar», asegura.

Se trata de un artículo «que yo mismo realizo en cartón, tras medir el contorno de la cabeza y el largo del antifaz». Así, tras plasmar las medidas al papel-cartón, «sólo hay que recortar, pegar y grapar, ya ya está listo para su entrega», declara Ferviz, quien señala que realiza unos «15 capirotes al día aproximadamente». Se trata de una actividad que comienza «un mes antes de la Semana Santa, aunque no es hasta las últimas dos semanas cuando comienza de verdad la bulla», asegura.

Hasta su pequeño local, situado en una calle perpendicular a Afán de Ribera, le llegan encargos «para nazarenos de todas las edades, aunque los capirotes más pequeños son mucho más trabajosos de hacer», apunta. El resultado final es un cono de medidas perfectas que Ferviz vende a 10 euros para «conseguir un dinerillo extra y completar así su pensión».

Por último, de cara a la proximidad del Martes Santo, este curtido capirotero sólo anhela «que el tiempo permita la salida de la hermandad, para que los nazarenos puedan vestir la túnica y el Cerro disfrute con su cofradía en la calle». Un deseo, sin duda, compartido por los vecinos de su barrio y los fieles de toda Sevilla.