Francisco Carrera Iglesias, conocido por sus amigos y vecinos como «Paquili» asegura que «estaba predestinado» a encontrarse con la Virgen de los Dolores, quien ha «guiado» su camino «desde que tuve la suerte de nacer en la calle Lisboa», señala el bordador.

Su devoción por la titular de la Hermandad del Cerro del Águila -barrio que lo vio crecer como persona y como artista, y donde rotula una calle desde el año 2004-  se manifestó a muy temprana edad, pues con tan sólo nueve años Paquili pasaba sus ratos libres «sentado en los bancos de la parroquia», donde presenciaría un hecho que marcaría su posterior implicación para vertebrar la coporación del Martes Santo.

«La hermandad siempre ha tenido mucho fervor en el barrio, pero hace 40 años contaba con muy poca estructura organizativa. Recuedo que un mes de septiembre había personal contratado montando el paso de la Virgen de los Dolores, y trasladaron la imagen sin cerrar la puerta ni nada. Ese hecho me causó tal impresión, que me prometí a mí mismo que aquello lo tenía que cambiar». A partir de entonces, los hechos sucedieron de manera encadenada para que «Natalia, la estanquera de la calle Afán de Ribera, me presentara a Emilio Sánchez Verdugo, quien por aquél entonces vestía a la Virgen, quien a su vez me puso en contacto con el que era hermano mayor, Juan de Mata, y de esta forma, entré a formar parte de la hermandad».

Asegura que aquellos comienzos fueron difíciles pero que contaban «con el ímpetu de la juventud y con muchas ganas de trabajar para cambiar las cosas», pues hubo incluso que «reeducar a las personas para explicarles lo que significa ser hermano». Relata que la hermandad «suplía en cierta medida al ayuntamiento del barrio, pues los vecinos venían con problemas de alcantarillado o de otra índole urbanística y desde aquí el párroco intentaba canalizar sus demandas, ya que era la entidad que daba estructura social a la barriada».

Pero desde entonces hasta hoy, «la cofradía ha cambiado tanto como lo ha hecho el barrio, ya que no se puede separar una cosa de la otra», manifiesta el artesano. De hecho, «yo siempre digo que la Virgen de los Dolores es la columna vertebral del Cerro, es la mejor embajadora del barrio, pues aunque en la zona contaba con gran devoción, era muy desconocida en Sevilla, al igual que este distrito». En este sentido, Paquili subraya que «a partir de que la virgen procesiona a la Catedral se empiezan a conocer las bondades del Cerro del Águila en la ciudad».

Su profesión actual también comparte lazos de unión con su hermandad, ya que «la Virgen no tenía nada de vestuario, así que yo quería bordar para hacerle diseños a la imagen, pero de forma altruista». Asegura que desde pequeño tenía inquietudes artísticas, una afición que nació en él, ya que «no tengo antecedentes familiares en el tema artesanal, sólo un primo con un taller de policromía y dorado que fue donde yo entré como aprendiz». Pero, una vez más en su caminar, el destino o «la providencia» quiso que sus pasos se cruzaran con los de Fidela Velázquez, oficiala del taller de Leopoldo Padilla, quien se convertiría en su maestra.

Paquili decidió abrir su propio negocio de diseños y bordados en el año 84, desde el que atiende numerosos encargos tanto para obras religiosas como de la moda, ya que también trabaja con grandes firmas como Loewe y ha colaborado, por ejemplo, en la escenografía de la obra «Carmen» del dramaturgo del Cerro del Águila Salvador Távora. No obstante, atender a las hermandades sigue siendo «parte esencial» para el diseñador, quien guarda especial cariño «a la primera saya que le hice a la Virgen de los Dolores, que fue algo sublime, pues significó realizar algo con mis manos para lo más grande de mi vida», además de nombrar el palio de la imagen, «pues rediseñé este palio para ponerlo en valor actualmente».

Aunque su taller se ubica en el centro de la ciudad, Paquili declara que conserva su «cordón umbilical» con el Cerro, que es su casa, su devoción, su parroquia y su gente, unos vecinos que quisieron reconocerle su labor concediéndole una calle en el barrio, aunque él manifiesta que «esta calle no es sólo mía. Es de todos los que han contribuido a que la hermandad esté hoy día como está, y me siento muy orgulloso de haber formado parte de ello».