Hay muchas formas de vivir la Semana Santa en esta ciudad: bajo las trabajaderas de un paso, vistiendo la túnica de nazareno, contemplando el discurrir de procesiones desde un balcón o a pie de calle, o velando por el cuidado de todos los demás. Esta última es la que practica Francisco Barragán, vecino de Su Eminencia y enfermero de profesión, quien desde hace años forma parte del dispositivo sanitario activado con motivo de estas fiestas.

«Yo antes era hermano de La Cena y no me perdía nunca la salida de la hermandad del barrio, El Cerro, que era una de las que más disfrutaba. Pero hace ya mucho tiempo que paso la Semana Santa de otra manera, bien sea desde una ambulancia o desde un módulo sanitario, esa especie de hospitales de campaña que se montan en el casco antiguo, solventando todo tipo de incidiencias», declara.

Francisco Barragán -Paco, para sus amigos- permanecerá de guardia hasta la madrugada del Jueves Santo, cubriendo servicios de 12 horas diarias (desde las 13:00 a la 01:00 horas), y atendiendo una media de 40 ó 50 personas al día. «La mayoría de percances son heridas en los pies de los nazarenos o quemaduras leves por los cirios. Aparte, se requiere nuestros servicios para asuntos que van, desde los más livianos como mareos, lipotimias, o heridas por caídas y torceduras del público que se aglomera para ver las cofradías; hasta los más graves como infartos o insuficiencias cardíacas y respiratorias», señala.

Paco se considera un «enamorado» de su profesión, pese a que de pequeño siempre se imaginó trabajando como profesor. Fue a raíz de una vecina suya cuando empezó a interesarse por la sanidad y asegura que nada más entrar en la carrera de Enfermería «me gustó desde el minuto uno, por lo que no me arrepiento para nada».

El enfermero reconoce que siendo «cofrade» como él «es duro vivir la Semana Santa trabajando», por ello comenta que «algunas veces, si el día no ha sido demasiado agotador, lo que hago es voy a ver a algunas hermandades recogerse, y así me quito el gusanillo». No obstante, confiesa que su profesión le da «muchísimas recompensas» y es que, en estos días en los que se recrea en las calles la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, no hay mayor muestra de religiosidad popular que la de ayudar al prójimo.