Los barrios también esconden episodios históricos de una Sevilla que tiene mil caras. Además de las de mayor relumbrón, existen otras tantas con una amplia trayectoria pero desconocidas para el gran público. Es el caso de las Escuelas Francesas de Alcosa, una institución de enseñanza bilingüe que cuenta con más de un siglo de vida y una intensa y permanente relación con la sociedad gala.

Vayamos por partes. La escuela hunde sus orígenes en 1902, como un proyecto de la «Société française de Bienfaisance et d’Enseignement» de Sevilla, creada en 1850 por un grupo de franceses afincados en la capital hispalense que buscaban velar por las condiciones de vida cultural y de aprendizaje de sus vástagos. Hoy en día permanece, en el barrio de Santa Cruz, como toda una referencia.

Patio ajardinado en las Escuelas Francesas

Patio ajardinado en las Escuelas Francesas

Las clases arrancaron en 1903, con un censo de 106 alumnos. Curiosamente, el número de pupilos foráneos en esos primeros cursos, íntegramente bilingües, era bastante inferior al de los alumnos patrios, demostrando las inquietudes de la Sevilla de la época por una formación aperturista, pues no sólo aprendían el idioma, sino también la vida «a la francesa», con su cultura y sus costumbres.

Por aquel entonces, el centro no se encontraba en la zona de Alcosa, un barrio, que, por otra parte, no se materializaría hasta los años 70.

El primero de sus emplazamientos fue la calle Gandesa, donde las Escuelas desarrollaron su actividad en una etapa de altibajos que se extendió hasta mediados del siglo XX.

Así, la Primera Guerra Mundial, y las consiguientes dificultades económicas, casi llevaron al cierre de la institución, con sólo 76 alumnos en 1918. Con suerte, y con paciencia, las aulas volvieron a llenarse, alcanzando las 200 matriculaciones en la década de los veinte.

Sin embargo, la Guerra Civil española supondría un nuevo y negativo impás. Tanto es así que casi se convierte en centro de enseñanza al uso, con el sevillano nombre de «Colegio de Nuestra Señora de los Reyes».

Superado este envite, llega un periodo de bonanza que se traduce en 700 alumnos y un necesario cambio de espacio. Así aterrizarían en la calle Abades 41, en la Casa Palacio de Juana Peyré, hoy la sede de un conocido hotel de cuatro estrellas.

El Concierto Educativo

Aula de las Escuelas Francesas en plena lección, en el año 1936

Aula de las Escuelas Francesas en el año 1936

La benefactora lo cedió en usufructo para la causa de la enseñanza, sin embargo, el paulatino crecimiento de la vida escolar en las Escuelas Francesas, y el Concierto Educativo Pleno con la Delegación de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía de 1983, del que percibiría una ayuda financiera, obligó al centro a abandonar tan estratégico emplazamiento.

Era lógico. Un palacio barroco no ofrecía las instalaciones más idóneas para la educación de los jóvenes de los años 80, tanto en funcionalidad como en número de aulas o espacios complementarios.

Tampoco parecía encajar el claustro de profesores, nativos, con los requisitos formativos recogidos en el concierto. Es decir, una titulación española que tuvieron que homologar.

Es ésta una década de grandes cambios, pues también se modifica la titularidad, ahora una Sociedad Anónima Laboral, formada por los propios profesores, que necesitan buscar financiación y créditos, por ejemplo con la venta del antiguo edificio del Casco Antiguo.

Precisamente entonces reciben, con la condición de destinarlo a la educación, un solar en el Polígono Aeropuerto. Donde se encuentra en la actualidad, desde hace ahora 20 años.

Nuevo proyecto formativo

Entrada al centro en la calle Abades

Entrada al centro en la calle Abades

Incluso el propio concepto se había perdido. Durante el tiempo de concierto desaparece la dualidad lingüística, hasta el año 97, cuando las Escuelas Francesas se convierten en el primer centro andaluz en emplear el francés como lengua vehicular (a través de la cuál se imparten las distintas materias).

Un año más tarde llegaría la posibilidad al Instituto Herrera y al Colegio Turina, en Sevilla, amén de otros dos centros en málaga.

Como artífice del proyecto sobresale un nombre propio, el de la actual directora y presidenta del Consejo de Administración, Marián Pantoja, cuya entrega por el centro y la efervescente conexión entre las escuelas y la sociedad francesa le llevó a ser condecorada en 1996 con la medalla de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa, una distinción de lo más exclusiva en España y que ostentan nombres de la cultura nacional como Pedro Almodóvar o Carmen Maura.

A través de diversos contactos con colegios de Alemania, Marruecos y, obviamente, Francia, la directora establece un sistema en el que la mayor carga de francés se recibe en la Educación Infantil.

La presencia se reduce en Primaria (todas las materias a excepción de matemáticas y lengua), queda relegada a unas cuatro materias en Secundaria (plástica, música, física y parte de biología e historia) y es más «anecdótica» en Bachillerato.

Marián Pantoja en el 94, fecha en que nace el centro actual

Marián Pantoja en el 94, fecha en que nace el centro actual

Con ello se consigue el «bilingüismo funcional», la impronta del francés en la expresión y en el pensamiento, algo que los alumnos afianzan en los tres viajes que realizan a Francia a lo largo de la escolaridad y que, como muestra de nivel, les lleva a recitar poemas en el prestigioso teatro Chaillot de París.

Gracias a Pantoja se ha mantenido la recurrente visita de cónsules galos al centro, una tendencia presente en las primeras décadas del mismo y que incluso aglutinó, por motivo del centenario de la Sociedad de Beneficencia, la presencia del cónsul italiano y argentino en Sevilla y de numerosos diplómaticos internacionales de otras provincias.

Personalidades como el exalcalde de Sevilla, Luis Uruñuela; el propietario de los Almacenes Velasco, Javier González; o el escultor Francisco Peláez ocuparon pupitre en las Escuelas Francesas durante su etapa en el Casco Antiguo. Claros referentes para los más de 800 chavales que cada año estudian en una Sevilla diferente. Con acento y trasfondo francés… Y en Alcosa.