Hoy, 5 de mayo culmina la exposición «600 años del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista», que desde el día 21 de abril ha podido contemplarse en uno de los corredores del Centro Cívico Juan Antonio González Caraballo, en Torreblanca.

La muestra, organizada por el AMPA del monasterio, se ha apoyado en una decena de fotografías realizadas por Sara López Juliá, en las que, a través de un estilo realista y un importante trabajo de caracterización y atrezzo, se realiza una recreación de los hitos clave en la trayectoria del lugar, que en breve debe reabrir sus puertas como centro cívico.

La construcción se levantó en 1414 por Fray Diego de Sevilla para acoger a la Orden de San Jerónimo. Son varias las imágenes que explican el día a día de estos monjes, en lo que era una vida puramente contemplativa y de soledad y silencio.

Vista general de la exposición sobre el monasterio de San Jerónimo

Vista general de la exposición sobre el monasterio de San Jerónimo

El principal objetivo de la exposición, claro desde el primer texto que el visitante se encuentra, es poner en valor la importancia histórica y cultural del monumento, que albergó obras de Valdés Leal, Zurbarán, Torrigiano y Espinal en un recinto diseñado por Diego de Riaño y Miguel de Zumárraga, entre otros.

Lo que el tiempo ha legado es, especialmente, el claustro principal, aunque también se conservan las capillas de orientación sur que comparten muro con dicha zona, la escalera del coro, la torre de la iglesia y el ala norte de la imprenta de indias, y pocas partes más.

Para la correcta funcionalidad del centro cívico se han tenido que «levantar habitáculos donde se encontraba la escalera principal, el antiguo refectorio, la sala capitular y algunas celdas de los monjes», una disposición que podrá observar claramente en un plano dispuesto a tal efecto.

Recreación de la época de lazareto / Sara López

Recreación de la época de lazareto / Sara López

También se hace referencia al humilladero de San Onofre, que ocupa unos terrenos que, en el siglo XV, pertenecieron al monasterio. Otra manera de observar la importancia que el centro religioso tuvo tiempo atrás, que llegó a tener propiedades rústicas en Dos Hermanas, Cazalla de la Sierra, Carmona, Coria del Río y Alcalá de Guadaíra, entre otros municipios, además de fincas urbanas en Sevilla.

En 1810 se incautaron los bienes y propiedades de los monjes, quedando el edificio destinado a lazareto, es decir, a lugar de tratamiento de personas enfermas de lepra y otras enfermedades contagiosas entre 1935 y 1843. El nombre le vino por su proximidad con el hospital de San Lázaro.

Residencia de superiores eclesiásticos, alojamiento de reyes (en la foto principal de este reportaje se muestra la recreación de la estancia de los Reyes Católicos en el monasterio), imprenta de indias, fábrica de vidrio y cebadero de ganado. Esa es la historia, resumida en fotografías, del monasterio.

De la muestra llaman la atención las bulas del siglo XVII, realizadas en la propia imprenta de indias de San Jerónimo, una sobre el permiso de ingerir leche o derivados (de «lacticinios») y otra para los fallecidos (bula de difuntos).

También curiosa fue la utilidad del antiguo monasterio como cementerio protestante, a mediados del siglo XIX, el de San Jorge o «de los ingleses», que continuó albergando enterramientos hasta 1995.

Los Pipió y sus diez hijos

Los Pipió y sus diez hijos

Varias fotografías tomadas a lo largo del siglo XX completan esta muestra y resultan llamativas para el asistente, en especial la que enseña a los miembros de la familia Pipió, que, a nivel particular, habitó los ya mermados muros de San Jerónimo de Buenavista entre 1967 y 1995, cumpliendo la labor de guardar la finca de los entonces propietarios Beca Iglesias, que sólo pasaban allí los fines de semana.

Tampoco se deja fuera de este compendio de la memoria del monasterio a Gustavo Adolfo Bécquer y el sueño que narró en «Cartas desde mi celda», en el que se imaginaba enterrado en el margen del Guadalquivir, frente a San Jerónimo, con una cruz blanca como monumento. Sueño que se hizo realidad el pasado 2013.

Aún quedan algunas horas para poder contemplar esta recreación sobre uno de los lugares con más historia de Sevilla. Una historia que las circunstancias han querido borrar, pero que puede ponerse en pie gracias a esta exposición.