Gael es un niño de cuatro años que por no saber casi no sabía lo que era un patín. Ha pasado un mes escaso y ya pasea sobre ruedas cómodamente. Para su madre es además de una actividad beneficiosa para su desarrollo, «un ejemplo de superación, de que puede hacer lo que se proponga». Ahora a Gael cada vez que dice que no puede hacer algo, su madre le recuerda que «es igual que con los patines, al principio no podías ponerte en pie y ahora vas perfectamente, todo lo puedes conseguir» y así Gael, a su corta edad, sabe que querer es poder.

Una de las cuarenta historias que podrían protagonizar los niños de las clases de patinaje del colegio Arboleda. Dos horas a la semana niños de infantil y primaria se enfundan los patines para aprender, jugar y entender el partinaje como una forma de ocio urbano. Así lo plantearon desde el Club de Patinadores de Sevilla cuando en el 95 decidieron comenzar esta actividad por los colegios de la ciudad.

Actualmente visitan 18 colegios de forma semanal. Con una media de treinta alumnos por taller, los monitores del Club enseñan a patinar tanto a niños como a padres, «aquí en Arboleda enseñamos a los más pequeños pero también tenemos otra actividad que llamamos familiares y en las que los padres aprenden a patinar con sus hijos».

El patinaje es una alternativa «de ocio urbano, somos usuarios de carril bici y los patines son una buena forma de pasear y divertirse. No es tanto una actividad deportiva o artística como urbana». Una opción que a los niños les viene estupendamente para su desarrollo, «es una actividad en la que aprenden de forma individual pero relacionándose con muchos niños, además aprender a moverse sobre ruedas les cambia totalmente el esquema corporal, por lo que se enriquecen mucho sus capacidades físicas. De este modo se motivan las habilidades psicosociales y deportivas».

Pero está claro que por encima de todo esto estan esas risas de los críos corriendo de un lado a otro con sus patines, jugando a recoger bolas y charlando con otros amigos mientras patinan. Los padres miran embobados desde la fachada del colegio cómo sus hijos prácticamente sin darse cuenta están haciendo deporte, relacionándose y pasándolo en grande.