Desde la plaza de las Acacias poco se podía intuir. La solitaria presencia de una furgoneta del Centro de Transfusión Sanguínea, apostada allí desde las 17:30, ofrecía un curioso contraste con la vida que derrochaba el compás de San Antonio de Padua, como antesala, y los salones parroquiales, que como ya viene siendo costumbre, se habían convertido en centro de donación de sangre.

Es el adalid de la Hermandad de Torreblanca. Un objetivo que no sólo cumple sino que supera con creces. En este caso el recuento se ha alzado hasta las 91 donaciones, algo menos de las habituales y simbólicas 100 «bolsas» que suelen extraerse cada vez que los profesionales del Centro Regional de Transfusión Sanguínea recalan en la parroquia de San Antonio de Padua. «La donación media suele establecerse en 60 personas, lo cual es ya un dato muy positivo, pero aquí generalmente conseguimos casi el doble», explicaba Isabel Flor, una de las doctoras encargadas de atender a los vecinos, que guardaban cola pacientemente, o bien rellenaban sus fichas.

De hecho, es tal la afluencia de donantes en el barrio, que a Torreblanca siempre se manda un operativo de dos doctores, cuatro enfermeros y un celador, siendo lo habitual sólo un médico y una pareja de DUEs. Así se realiza el reconocimiento previo, y se puede actuar sin problemas ante las eventuales reacciones a la extracción, máxime en época de altas temperaturas como las del pasado viernes.

Extracciones para analizar de la sesión del viernes

Extracciones para analizar de la sesión del viernes

La organización, representada en la atenta Diputada de Caridad, Juani Martín, incluso había dispuesto una «ludoteca», para que los padres que quisieran donar tuvieran a sus hijos entretenidos, y atendidos por una educadora infantil.

La donación sirve, incluso como alegre punto de encuentro entre los vecinos, pues no sólo son los hermanos quienes donan. Algunos han terminado por convertirse en asiduos participantes. Es el caso de Lolo, donante desde hace 20 años y presente desde la primera vez que la hermandad organizó el acto, en 2006. «Me gusta ayudar. No cuesta nada y con eso salvas vidas, de ahí que done hasta plasma», explica, haciendo referencia a un tipo de donación que también se hizo puntualmente en dichos salones, así como campañas para lograr donantes de médula para la Fundación Josep Carreras.

La implicación de la hermandad del Cautivo no sólo se traduce en campañas de sensibilización e información, para lo que se han «aliado» con las instantáneas redes sociales. El propio capataz, Miguel Castillo, esperaba su turno para ocupar la camilla. Igual que Luis Miguel González, Hermano Mayor y donante convencido.

 Un honor poco conocido

El galardón de la Federación Andaluza de Donantes luce delante del retrato del Cautivo

El galardón de la Federación Andaluza de Donantes luce delante del retrato del Cautivo

Los Dolores tiene el privilegio de haber sido la hermandad de Andalucía que más donaciones de sangre ha realizado, y la primera en ser distinguida como tal por la Federación Andaluza de Donantes.

La asociación sevillana recogió firmas para que se otorgara a la corporación la medalla de la ciudad. Además, la corporación, que este año ha cumplido 20 como hermandad de penitencia, cuenta entre sus filas con la persona que más ha donado a nivel nacional, quien, sin ni siquiera ser del barrio, se hizo hermano atraído por esta labor de caridad, en palabras de Luis Miguel González.

«En momentos de necesidad de sangre, los propios médicos del Centro de Transfusión nos llaman para adelantar las donaciones, pues saben que aquí siempre consiguen muy buenos datos. En la de septiembre del año pasado llegamos a 132, eso fue una fiesta», comentaba orgulloso el Hermano Mayor, en referencia a unas extracciones que se realizan cada cuatro meses por ser el tiempo mínimo que hay que dejar entre donación y donación, en el caso de la mujer. La pérdida sanguínea que implica la menstruación obliga a superar los tres meses de latencia del hombre.

Vecinos de Torreblanca en los salones parroquiales, improvisado centro de donación

Vecinos de Torreblanca en los salones parroquiales, improvisado centro de donación

«Estoy convencido de que los que menos tienen son los que más dan. Me alegra ver que Torreblanca también despunta por cosas positivas e impagables, pues la sangre no se puede fabricar», concluía Luis Miguel González cuando, en torno a las 21:30, la donación llegaba a su fin.

Aún queda en el recuerdo el dorado canasto del misterio, el bamboleo de las caídas, y los sonidos de un cortejo que, hace poco más de un mes, se ponía en la calle. Todo se rememora. Pero lo que el barrio no olvida es la cita que, tres veces al año, la hermandad le plantea. Un culto extraordinario. A la solidaridad.