Ella se define como «fotógrafa de sentimientos» porque «no son fotografías documentales o sociales, pretendo capturar los sentimientos; el embarazo, los recién nacidos» comenta Virginia Espinar. Esta artista de vocación pasó de ser la «pesá de la cámara» a una retratista de los momentos más especiales en la vida de los retratados, un paso que vino tras su pérdida de empleo algo que Virginia tomó como una oportunidad «si quiero dedicarme a esto, abrirme paso en el mundo de la fotografía, este es el momento, más que como algo malo debo tomarlo como mi oportunidad de hacer lo que verdaderamente me apasiona».

Pero hasta llegar a las emotivas imágenes que se adjuntan en este reportaje a Virginia aun le quedaría otra experiencia que vivir que marcaría su carrera, «cuando me quedé embarazada, al ser gemelos, el parto fue muy complicado lo que me impidió hacerles fotografías a mis hijos en sus primeros días de vida, con esas arruguitas que en 15 días pierden, son imágenes que yo nunca tendré y sé lo que es no tenerlas por eso animo a la gente porque sé lo que es arrepentirse de no tenerlas» cuenta emocionada Virginia, que a partir de ese momento vio claro su camino, ella no quería que no hubiese padre ni madre que se quedase sin lo mismo que ella, «añoro esas fotografías, son muy especiales, por favor, que nadie se las pierda».

«Ahora es cuando me he topado con mi especialidad» comenta de manera rotunda Virginia, una experta en sacarle partido a las vivencias que juegan en su contra. «Empiezo por el embarazo y luego, como máximo a los 15 días del nacimiento, le hago la sesión de fotos al bebé» cuenta, señalando que «a veces hay gente que me ha conocido justo con el bebé».

El cariño de los padres con el avanzado estado de embarazo de la mamá, el bebé con sus «arruguitas» de recién nacido, o los hermanos descubriendo al nuevo miembro de la familia, estos son algunos de los momentos que quedan capturados para siempre por el ojo artístico de Virginia y que, en el momento de la entrega, acaban arrancando las lágrimas de los protagonistas «es, sin duda, la profesión más gratificante, es tanta la emoción contenida en una sola imagen que es imposible que no salten las lágrimas».

Mucho ha tenido que estudiar Virginia para perfeccionar sus increíbles fotografías, «hay que saber cómo tratar a los bebés, no son como un adulto al que puedes decirle cómo ponerlo o que aguanta un estado de presión y serenidad, con un recién nacido tienes que tener mucha paciencia y tranquilidad» explica, recordando que a veces ha estado cinco horas seguidas con una sesión y al final ha tenido que volver otro día, «los más importante son ellos, su bienestar». Con esta premisa, Virginia guarda secretos con los que las madres se quedan alucinadas, esta fotógrafa sabe cómo dormir profundamente a un bebé con un simple sonido y un continuo contacto entre ambos, sabe cómo situarlo para que la foto quede perfecta pero sin que el niño sufra o esté incómodo «tiene que haber un ambiente tranquilo, de paz, silencio, los bebés lo notan todo».

Pero en el excelente trato con el bebé no se centra el trabajo de Virginia, aunque sí es lo más importante. Una sesión de fotos con un recién nacido supone la creación de un vestuario que ella misma diseña, «pregunto a los padres qué les gusta, un conejito, una mariquita o cualquier otra cosa y yo mismo lo diseño, quiero que sean únicos y la mejor forma de conseguirlos es haciéndolos yo misma». Además de preparar la indumentaria que colocará a los bebés para que sean aun más adorables que al natural, Virginia se desplaza hasta la casa de sus clientes, cargada con todo su material, una vez allí prepara el ambiente «generalmente en la cama de matrimonio, para poder colocar al bebé más cómodamente» y, tras esto, comienza la preparación del Rey o Reina de la casa, el recién llegado se prepara para los flashes «con toda la tranquilidad del mundo, hay que tener mucha paciencia, los padres a veces sienten apuro porque yo lleve tres o cuatro horas allí, pero ese es mi trabajo y si el bebé esta bien, yo estoy bien».

En tan solo un año, Virginia ha hecho llorar por lo menos a diez familias, siempre de emoción eso sí. Pero además, su trabajo, en tan poco tiempo, ha sido valorado por fotógrafos con experiencia como Alejandro Mármol o su admirada Ana Cruz. De hecho junto a Fran Rivero, un importante fotógrafo del mundo de la moda,  han creado Sinergia Producciones «una combinación de nuestras dos especialidades en la que los dos encontramos el término medio, la sinergia entre nosotros, y hacemos trabajos en conjunto».

Virginia Espinar es ejemplo de aquella gran frase que dice que «vale más una imagen que mil palabras», sus fotografías se venden sola y, aunque el que las vea no sea el protagonista de esos «sentimientos», es capaz de sentirlos suyos y, por qué no, hacer caer una «lagrimita» de emoción. Un resultado que debe al tiempo libre que le provocó la pérdida de empleo y la pena que surgió de no poder hacer las fotos a sus hijos. En el caso de Virginia, qué cierto es que «un optimista ve una oportunidad en cada calamidad» pero es que además, ella, ha sabido sacar partido a la oportunidad.