Si no fue a través del abuelo, fue a través el padre, pero no hay español que no haya tenido colgando de alguna rama de su árbol genealógico un Seat Seiscientos y es que, éste, es mucho más que un coche, es un «sentimiento» para sus usuarios y sí, son usuarios porque aún hoy, cincuenta y seis años después, estos modelos siguen recorriendo las calles y autovías del país.

En 1957 nace el primer 600 español, tras haber importado algunos Fiat 600 la, entonces, marca española Seat decide fabricar su modelo propio del que sería el «cuatro latas» más querido por los conductores españoles. Primero llegaría el normal, después el E, el D, el L, el descapotable, el Formicheta, el Comercial, el Playero y hasta el mismísimo Rey de España, Juan Carlos I, haría construir un modelo único para su uso personal.

Quizá entonces podía imaginarse, porque «la calidad de sus materiales y su acabado es única», pero aún así resulta extraordinario que un vehículo nacido hace cincuenta y seis años siga haciendo las delicias de conductores españoles enamorados del 600. Y para enamorados los del Club de Amigos del Seat Seiscientos de Sevilla, que en sus filas acoge 95 modelos conducidos por verdaderos «locos» del Seiscientos que saben «disfrutar» de la viva imagen española sobre cuatro ruedas.

Luis Álvarez, presidente del Club, se topó casi por casualidad con un Seiscientos «aunque en su día lo tuvieron mis padres, ese vehículo lo vendieron y, llegado el día, yo necesitaba comprarme un coche y decidí comprarme el más barato que hubiese así que encontré un Seiscientos por 5.000 pesetas», del que hoy sigue «disfrutando».

«El cariño que le coges a un vehículo como este, no se lo coges a uno nuevo» comenta Luis reconociendo que «ahora no existe la calidad que había antes, ahora los coches están preparados para que te duren siete u ocho años». Y es que, la opinión de este conductor defiende que «no se puede mantener un coche de los de ahora tanto tiempo como el que acumula un 600, no están preparados, no llegarían bien a esos años» pero, sobre todo, «no tienen historia».

«El 600 ha sido el vehículo de todo español, siempre ha existido una convivencia muy cercana, ha pasado de abuelos a padres y ha sido inevitable que se le mantenga el cariño» explica Álvarez que, lejos de lo que se pueda opinar sobre la antigüedad de estos coches, «es un vehículo muy agradecido, lo que es el mantenimiento básico de agua, aceite y fallos que pueda dar es exactamente igual que cualquier otro coche, otra cosa son los que los compran en mal estado para personalizarlos, ahí sí estaríamos hablando de una inversión importante».

El Seiscientos que dio a conocer Sevilla

Un coche que ha sido de todos y que puede seguir siéndolo, eso es lo que se lee en las palabras del presidente del único Club del Seiscientos que existe en la provincia hispalense. Pero no hace falta que sean muchos para que Sevilla haya sido conocida por muchos españoles a través del mítico vehículo.

Concentraciones en Barcelona, Bilbao, Palencia, San Sebastián, Almería, León, Cádiz, Portugal… etc. han dado a conocer a los ciudadanos de cada uno de estos sitios, no solo el vehículo de toda familia española, sino a la ciudad de Sevilla que nunca ha faltado en una cita. Y lo mejor de todo es que no ha fallado porque el Seiscientos no lo ha hecho jamás, «son 1.000 kilómetros que tenemos que hacer más despacio, con más cuidado pero de los que disfrutas muchísimo más montados en un coche como este».

Y si Sevilla ha viajado en Seiscientos por todo el país, el país también ha viajado a Sevilla por el Seiscientos. La concentración sevillana es una de las más multitudinarias, un fin de semana en el que los aficionados a este vehículo, venidos de todos los clubes españoles, recorren la ciudad, visitan los monumentos y respiran su azahar montados en su ojito derecho, su seiscientos. Una auténtica cabalgata de los años 60 que si gusta a los participantes, más gusta a los sevillanos que el primer domingo de noviembre, desde hace catorce años, ven desfilar casi tres centenares de seiscientos por Reyes Católicos.

Terminando con un dato esperanzador y para los que se muestren incrédulos a la idea de que siga circulando por calles, plazas y autovías un modelo de hace más de cincuenta años, junto con los socios de los clubes y dueños de este patrimonio histórico español disfrutan también sus niños, pequeños desde un año hasta la adolescencia a los que ya les mueve la pasión por su querido coche. Parece que la tradición continúa y ¿quién sabe? a lo mejor dura otros cincuenta años más.