Imagínese la escena. La plaza de las Acacias, en el respetuoso silencio que imprime el ensayo de una cuadrilla costalera. Una multitud de personas contemplando cómo Torreblanca iba preparándose para recibir la Semana Santa. En el aire, sólo la voz de los capataces corrigiendo los movimientos. Y, de repente, gritos. De auxilio. De desesperación. De quien ve como un niño se desvanece porque se queda sin aire.

Calma, la historia acaba bien. El buen desenlace hay que agradecérselo a Juan Javier Torres, policía local de profesión, pero que esa noche se encontraba en calidad, precisamente, de segundo capataz del misterio.

A pesar de estar concentrado en el llamador, «por mi profesión, pues también he sido escolta, me fijo mucho en la seguridad, en los espacios, es como si tuviera en una alerta constante», comenta Juan Javier, que se dirigió corriendo hacia «el revuelo» y se encontró con un niño de once años «morado de asfixia, al parecer por haberse tragado un caramelo».

A lo largo de sus 20 años de trayectoria policial, Torres ha ido perfeccionando, a título personal, la formación general de primeros auxilios que se imparte en la Academia.

Gracias a eso supo aplicar la Maniobra de Heimlich, tres veces, «rodeándolo desde atrás con los brazos y presionando con todas mis fuerzas con los nudillos hacia el diafragma, como una cuarta sobre el ombligo».

Y, una vez expulsada la golosina, «que salió como un proyectil», terminar con un masaje cardíaco, «pues Manu tenía poco pulso».

El tono cariñoso se ha forjado a raíz del incidente, pues Juan Javier no conocía al chaval, si bien es amigo de los padres «del barrio de toda la vida». El agente nació y se crió en Torreblanca, ha vigilado la zona «durante muchas noches» y es Hermano de los Dolores desde su fundación, siendo en primer lugar costalero del palio, después del misterio y, tras un grave accidente de circulación, parte del grupo de capataces.

Juan Javier Torres lleva 20 años en el Cuerpo de Policía Local, superando graves incidentes

Juan Javier Torres lleva 20 años en el Cuerpo de Policía Local, superando graves incidentes

Allí, además, ha coincido continuamente con Lolo, el padre, Diputado Mayor de Gobierno, y que esa noche también se encontraba en la plaza de Las Acacias, como tantos vecinos, que se quedaron bloqueados por falta de conocimiento de las técnicas necesarias.

«Si hubiera tardado diez o quince segundos más, el chaval habría fallecido. Actué con frialdad, sin plantearme si era un niño o un adulto. Cuando ya pasó, fui consciente del pánico que habrían sentido los familiares, porque yo tengo dos hijos y sé lo que se sufre por ellos», recuerda emocionado.

Reconocimiento tardío

Decíamos que el final feliz de este episodio había que agradecérselo a Juan Javier, y eso es justo lo que ha hecho la familia y la propia Hermandad a través de cartas a la Jefatura de la Policia Local de Sevilla.

Un agradecimiento que, al mismo tiempo, es simbólico premio a una vida en peligro constante. A sus 46 años, y con casi media vida dedicada al Cuerpo, Juan Javier ha sufrido durante sus intervenciones «una puñalada en la pierna y la rotura de una costilla flotante por una patada en el pecho», además salvó a otra persona atorada, «aunque de menor gravedad».

«No hay mayor premio que llegar a casa y saber que has salvado una vida. Tampoco notifiqué nada en la Jefatura aquel día. Los ‘galones’ te los tienen que poner las personas, no buscarlos tú», comenta humilde y agradecido.

Entrevistas para numerosos medios de comunicación, fotografías, saludos cariñosos de los vecinos. Hasta el alcalde Zoido ha calificado de «orgullo» la actuación del agente, al que muchos señalan como un héroe del barrio.

De hecho, de no ser por estas peticiones de reconocimiento público no habría trascendido el suceso, que se produjo el pasado 21 de febrero. El día en que Manu volvió a nacer, de la mano de Juan Javier Torres.