De lejos ya te recibe con una sonrisa, nerviosa porque las cámaras le imponen y su humildad le desborda. Los ojos se le iluminan de los nervios, no quiere salir mal y no sabe si le saldrán las palabras delante de la cámara. Basta hacer el camino con ella hasta el control de seguridad, para saber que el Premio a la Excelencia que ha recibido es más que merecido.

Casi treinta años desde que obtuviese el título de vigilante de seguridad, siete de ellos ejercidos en el aeropuerto de Sevilla, ahora su trabajo ha sido reconocido: Cristina ha sido la primera vigilante de seguridad en recibir el Premio a la Excelencia.

Cristina González lleva siete años en el aeropuerto de Sevilla. En el control de seguridad, Cristina tiene que comprobar que los equipajes de mano y los pasajeros viajan acorde con la normativa. Un trabajo en el que se dan muchas situaciones difíciles y comprometidas, pero esta vigilante sabe afrontarlas con gran amabilidad y la mejor de sus sonrisas.

Aunque «a veces es muy duro porque hay muchos factores que se unen, el miedo a volar, el nerviosismo y siempre se paga con quien no se tiene que pagar» explica que «creo que soy de las pocas que este trabajo le gusta, me siento motivada, me siento bien». Cristina quiso ser Policía Nacional pero «me vi incapaz de sacar unas oposiciones» así que decidió sacarse el título de vigilante de seguridad.

Hace ya 28 años desde ese día en el que Cristina decidiese ser lo que hoy es, casi treinta años que ahora son reconocidos. Dentro del Plan de Excelencia que AENA ha puesto en marcha en los controles de seguridad, donde debe premiar la amabilidad y el buen trato al pasajero. Varios candidatos de todos los aeropuertos españoles fueron propuestos para esta placa conmemorativa, pero finalmente ha acabado en las manos de Cristina.

A pesar de que su humildad se lo impide, «me lo merezco tanto como cualquiera de mis compañeros», esta placa es más que merecida. Cristina ahora solo espera que el año que viene vuelva a caer aquí.