El parto de Charo fue más complicado de lo esperado, cuando su hija Cristina nació tuvo un problema de asfixia que, tras pruebas y visitas a varios médicos, se acabó diagnosticando como una parálisis cerebral, desde entonces comenzó la lucha de Charo. Ya van para 21 años y Cristina es una niña sociable, alegre y sonriente, su madre, orgullosa del carácter de su hija, tiene miedo del futuro de su hija.

«Cristina entró hace un par de años en el Mercedes Sanroma, antes estuvo en un colegio ordinario. Allí está muy bien, el servicio que ofrecen y el equipo de profesionales son estupendos, pero la normativa obliga a que con 21 años mi hija no pueda estar escolarizada. Sin un centro ni nada al que pueda ir mi hija a diaria no sé qué voy a hacer». Charo quiere que su hija siga llendo a clases, relacionándose con otros compañeros y saliendo de casa con las mismas ganas de siempre.

Cristina vive en Sevilla Este, en el mismo bloque que María Jesús, su vecina y compañera de escuela. María Jesús también sufre de parálisis cerebral, un poco más introvertida que Cristina pero muy cariñosa y cuya sonrisa habla por sí sola. A Lola Flores, su madre, le preocupa tanto como a Charo el futuro de su hija, aunque a ella aún le quedan cinco años para que María Jesús salga del colegio, no puede dormir tranquila «la parálisis cerebral es la gran olvidada y con los cambios en la ley de dependencia vamos hacia atrás».

La alternativa de estas madres es Aspace y su unidad de estancia diurna, el problema es que «hay que pedir plaza dos años antes de que la niña salga del colegio porque hay familias que gestionaron los papeles un poco después y ya llevan dos años con el niño en casa» cuenta Charo. Lola explica que «si antes nadie se acordaba de esta discapacidad ahora con la crisis aún menos, pero claro si se hubiese hecho algo hace 20 años ahora no estaríamos sufriendo esta situación».

«Mi hija depende totalmente de mi, me necesita para todo y tenerla en casa todo el día no sería bueno, necesita relacionarse, salir, hacer cosas, sentirse útil y en clase lo consigue», ambas madres se muestran preocupadas porque puede que lo que hoy hace feliz a sus hijas dentro de unos años se desintegre. Pero, «vamos a luchar, no nos queda otra, son nuestras hijas» cuentan estas madres cuya felicidad reside en la de sus hijas y, por tanto, cueste lo que cueste harán lo posible por ver cada día sus sonrisas.