Hace años que la cocina ya no es territorio exclusivo de la mujer, de hecho, a este arte se han sumado muchos nombres de varón que a gran escala han alcanzado un gran prestigio nacional e internacional como Martín Berasategui o Ferrá Adriá. Pero a nivel casero aún quedaba un pequeño empujoncito para que en la «vitro» de casa participase más el hombre que la mujer. Ese golpe hacia adelante lo han dado los programas televisivos como «MasterChef» o «Top Chef», que han animado a niños, jóvenes y adultos a enfondar sus conocimientos culinarios.

«Se nota que la cocina está de moda» cuenta Caty Vilchez, monitora de cocina de los talleres socioculturales de varios distritos de la ciudad y técnico superior en dietética. Sólo en el Distrito Este-Alcosa-Torreblanca imparte tres talleres de cocina en los que en todos se han cubierto las plazas ofertadas, «además también doy en el Cerro, en San Pablo, Nervión y Casco Antiguo».

«Aquí (en el Este) tenemos dos talleres mixtos y uno de hombres, porque son muchos los hombres que empiezan de cero y hay que ir a otro ritmo» comenta Caty que a pesar de mantener esta oferta desde hace años confiesa notar «la influencia de los programas de televisión, todos te llegan con algo que han visto y que quieren hacer».

No es la primera vez que ocurre y seguirá ocurriendo. Si el estreno de «El tiempo entre costuras» disparó la venta de máquinas de coser, el bombardeo culinario que están desarrollando ahora todas las televisiones crea un boom en las cocinas que no entienden de edad o género. «El día después de un programa todos quieren hacer lo que se cocinó ese día, todos me dicen: ¡Caty! ¡Caty! ¿sabes hacerlo? ¿nos enseñas? y luego comentan todo lo que ha pasado en el programa, cómo han hecho bien o mal una cosa, no se pierden una» comenta la profesora.

Y aunque no con la aspiración de ser un «Masterchef», o al menos no por ahora, cada semana estos 36 alumnos hacen unos platos diferentes «por ejemplo hoy hemos hecho pollo a la bechamel, unas croquetas y un postre». Porque, eso sí, hay cosas que por mucho que salgan en la televisión no somos capaces de interiorizar y ante la cocina creativa, por lo menos aquí en Sevilla, «nos quedamos con la dieta mediterránea, que es la que nos gusta a todos y la que más vitaminas tiene».

Cocinar por necesidad

El boom de la telerrealidad en la cocina ha influido bastante en la expansión de los conocimientos culinarios y el nacimiento de nuevos artistas gastronómicos, pero talleres y escuelas como estas las ha habido siempre y aunque no tan demandadas como ahora, nunca han escaseado en alumnos. Porque no hay duda, la cocina es necesaria.

Esa necesidad es la que llevó a Pepita Álvarez a aprender a cocinar. Esta mujer de 74 años es alumna del taller desde hace cuatro y no fue hasta el primer día de clase cuando Pepita cogió por primera vez un cucharón. «Diciéndolo para que todo el mundo lo entienda, yo era de las que estaba arriba y me vine abajo, vamos, que nos arruinamos. Siempre habíamos tenido una mujer que cocinaba en casa, cuando tuvimos problemas económicos vendimos el piso del centro, nos vinimos a Sevilla Este y no teníamos para contratar a nadie, así que cuando me enteré que estaba este tipo de taller no lo dudé, es que no me quedaba alternativa» explica Pepita con toda la naturalidad del mundo.

A los 70 años esta mujer cocinó por primera vez y ahora es difícil apartarla de los fogones «me encanta y como también me encanta comer pues… lo disfruto muchísimo» eso sí, tiene que tener cuidado con los postres porque «son mi perdición» y ahora que domina a la perfección su elaboración es un peligro cuando llega la hora del postre.

Como ella hay jóvenes que se han independizado y necesitan saber cocinar para vaciar su despensa de conservas y comidas preparadas o personas que quieren aprender más de lo que ya saben. Unos u otros tienen algo en común: «nos encanta la cocina y, sobre todo, cocinar en grupo».