La baja autoestima tiene un remedio cuasi infalible a base de sonrisas y lágrimas, pero en esta historia la protagonista no es Julie Andrews sino Claudia Scurtu una psicoterapeuta rumana que no pretende instruir a siete mimados niños sino ayudar a 26 personas de entre 20 y 82 años a dedicar tres horas a la semana a sí mismos «si les apetece gritar, llorar o decir borderías este es el sitio, tienen que ser ellos y este es su espacio».

Claudia Scurtu es una rumana que llegó a Sevilla hace ocho años para hacer un doctorado en psicología clínica. Estudios que sigue realizando y que compagina con su trabajo de intérprete judicial de español, inglés y rumano en los juzgados sevillanos y los talleres de autoestima que imparte en varios distritos de la ciudad, entre ellos, el Este. Y son estos talleres los que hoy dibujan estos párrafos, porque en el Centro Cívico Alcosa todos los lunes y los miércoles se levanta el autoestima a 26 personas que lo necesitan y lo desean.

«A pesar de lo que se crea es más fácil trabajar en grupo porque se enriquecen y en cuanto hacen piña se sueltan más, cogen confianza, que es lo más importante en todo esto, y consiguen soltar aquello que los ha traído aquí» explica Claudia que en estos talleres trata diagnósticos de ansiedad, depresión, bipolaridad y otros problemas emocionales que salen a la luz en un aula con la intención de que no vuelvan a sus propietarios.

«Mi forma de hacer terapia consiste en que se sientan bien consigo mismo, que se cree un espacio donde todo esté permitido, que sean ellos mismos: griten, canten o lloren» cuenta Scurtu que admite que «cuando alguien llora se le agradece y se le aplaude porque llorar permite sacar eso que tienen dentro, es una catarsis, una descarga».

Pero en este taller hay más sonrisas que lágrimas, porque una de las claves de esta terapia es la risa «utilizo la risoterapia como método para fortalecer la autoestima, porque si te ríes estás feliz y si estás feliz te sube el autoestima» de hecho uno de los consejos que da es que cada vez que a alguien le pregunten qué tal está hay que decir: «¡muy bien!». «En mi país cuando a alguien le preguntan por costumbre se contesta: bien. Yo os digo que contestéis: ¡muy bien! porque nada más que nos cuesta tres segundos de nuestra vida» y al final de tanto decirlo uno se lo cree.

Reír, llorar, reír, llorar, gritar, cantar y saltar todo lo que fomente expulsar las emociones nos ayuda a ser nosotros mismos, a estar a gusto y a que los demás también lo estén. Unas indicaciones que reciben 26 personas en el Este de Sevilla pero que venir, le viene bien a todo el mundo. Así que a tomar nota de esta rumana que no ha protagonizado una película de Robert Wise sino la historia más exitosa y conocida: la realidad.