Sevilla es la capital española con mayor número de metros cuadrados dedicados a zonas verdes. Quien dude de esa afirmación es porque no ha disfrutado del Parque Guadaira, en sus distintas fases, el Infanta Elena o el que nos ocupa, el Parque Tamarguillo.

Con 97 hectáreas de extensión, este espacio brinda un infinito abanico de posibilidades para el esparcimiento, el ejercicio físico o el contacto más directo con la naturaleza.

El acceso se realiza a través de las seis puertas situadas en la avenida de Séneca, que discurre en paralelo al parque y que, durante el verano, permanecen abiertas desde las 8 horas hasta medianoche.

Por su disposición «horizontal», no es sencillo abarcarlo de punta a punta a menos que se disponga de un saludable medio de transporte como es la bicicleta, para la que existe una vasta red de carriles y caminos, recientemente conectados entre sí. Y numerosos puntos donde aparcarlas.

Varios usuarios del Parque Tamarguillo se ejercitan de las diversas maneras que brinda el recinto / Fran Piñero

Varios usuarios del Parque Tamarguillo se ejercitan de las diversas maneras que brinda el recinto / Fran Piñero

Si lo que desea es hacer ejercicio, tras el pedaleo puede recalar en la zona de fitness, donde le esperará una decena de flamantes máquinas. Los más atrevidos cuentan también con una pista de skateboard, con sus respectivos desniveles. Incluso los perros pueden ponerse en forma en dos recintos de Agility. Sin duda, una de las zonas más demandadas del Parque Tamarguillo, que, en primavera, aglutina entre 2000 y 3000 usuarios.

Singularidad…

Además de los servicios habituales que suele ofrecer un espacio verde de estas características, en éste también converge la tradición. Por una parte, en la presencia del Cortijo de San Ildefonso, lo único que existía cuando lo que ahora es parque no era más que una escombrera. Esta hacienda, anexa a la Oficina de Nuevas Energías, presumiblemente albergará, en un futuro cercano, un centro de formación en antiguos oficios.

Retablo al que peregrina la hermandad del Inmaculado Corazón de María / Fran Piñero

Retablo al que peregrina la hermandad del Inmaculado Corazón de María / Fran Piñero

Por otro, en el extenso eucaliptal, en la zona más al este, donde se puede encontrar un abrevadero y un retablo cerámico en honor al Inmaculado Corazón de María.

O lo que es lo mismo, el culmen de una romería que, cada último domingo de septiembre, peregrina hasta allí con su simpecado desde el barrio de Torreblanca.

Una curiosa atracción que brinda este parque es la de contemplar el despegue, y sobre todo, aterrizaje, de aviones.

La proximidad con respecto del Aeropuerto de San Pablo, y, especialmente, del aeródromo militar, con el que prácticamente linda, hace las delicias de los chavales, hasta el punto de haberse dispuesto un mirador, con sus bancos para el descanso, en una parte estratégica del recinto.

La vegetación en esta zona es radicalmente diferente, advirtiéndose especies cactáceas como la chumbera. En cambio, al avanzar en busca del centro neurálgico del parque, la plaza, se hallan pinos, coníferas y olivos.

Y la mayoría de las instalaciones, a excepción de la zona de picnic, con unas treinta mesas, a la altura de los almacenes de bricolaje que culminan la avenida de Séneca.

El rocódromo, de singulares líneas, y la tirolina al fondo / Fran Piñero

El rocódromo infantil, de singulares líneas, con la tirolina al fondo / Fran Piñero

En torno a la plaza se sitúa el anfiteatro, con capacidad para 200 personas. Es el escenario de las diversas representaciones y actividades que comprende el programa «El Parque, para disfutarlo», que arranca el próximo mes de septiembre con citas para el otoño y la primavera.

Muy cerca se encuentra el área de juegos infantiles, un lugar donde los más pequeños pueden descargar toda la adrenalina a través de elementos como el rocódromo, adaptado a la envergadura infantil, o la tirolina.

O aprender los misterios de la física en el Laberinto musical, que transmite sonidos a través de largos tubos de metal subterráneos; tocar un xilófono gigante o usar los pies para hacer sonar unos timbales.

.. y naturaleza

Sin embargo, donde el Parque Tamarguillo realmente destaca es en la vinculación que el visitante consigue con el medio natural. Es habitual observar como los vecinos se acercan a alimentar a los casi 30 ánsares que habitan la laguna artificial, haciendo sonar sus bolsas repletas de pan desde la lejanía, para llamar la atención de la parvada.

Vistosos pavos reales habitan una zona delimitada del Parque Tamarguillo, incluido uno «albino» / Fran Piñero

Vistosos pavos reales habitan una zona delimitada del Parque Tamarguillo, incluido uno «albino» / Fran Piñero

Otras aves comparten su protagonismo. Son los pavos reales que, superando la docena, habitan un amplio espacio donde no faltan los refugios y comederos. Si quiere contemplar un ejemplar blanco en Sevilla, éste es el lugar.

La fauna se completa con otras aves migratorias, con liebres y conejos, e incluso con caballos. Nos referimos a los que posee la «Asociación Paso a Paso», que trabaja la rehabilitación de niños con autismo a través de la equinoterapia en un terreno del parque cedido expresamente por el Ayuntamiento hispalense.

El colorido no falta en los huertos del Tamarguillo / Fran Piñero

El colorido no falta en los huertos del Tamarguillo / Fran Piñero

Aunque no sea algo exclusivo del Tamarguillo, este parque presenta unas 350 parcelas destinadas a huertos sociales. Entre ellas llama la atención una, por su colorido a base de molinillos multicolor, y por estar perfectamente adaptada a la discapacidad de sus hortelanos.

Pero también es significativo que, pese al elevado número, todas estén cubiertas y con larga lista de espera.

Estimado visitante. Si quiere experimentar las sensaciones de la recolección le propongo algo.

Diríjase hacia alguna de las salidas. Verá como, el línea con la verja, hay una fila de granados tan larga como el propio parque. Coja alguna de sus frutas. Se marchará con aún mejor sabor de boca de este Parque Tamarguillo.