¿Podría citar de memoria los muelles que tiene Sevilla? Por ejemplo, el de las Delicias. Un, dos, tres, responda otra vez. El de las Delicias, el de Nueva York, el de la Sal… ¿Solo tres? Piense, la lista sobrepasa la decena. A los tres citados se le suman el de la Aduana, el de las Mulas, el de Gordales, el del Arenal, el de la Esclusa, el del Centenario, el de los Camaroneros, dársena de Batán, Punta del Verde, Cabeza de Canal, Tablada y el de la Arena. En muchos de ellos se fraguaron grandes hitos de la navegación.

De uno de ellos partió la expedición que realizó la primera vuelta al mundo. Magallanes y Juan Sebastián Elcano eligieron el muelle de las Mulas, también conocido como de las Muelas, para partir en su odisea el 10 de agosto de 1519. De hecho, en las inmediaciones de este punto situado en el barrio de Los Remedios se inauguró en 2010 un monumento con forma esférica conocido como la Milla Cero.

En la orilla opuesta, a escasos metros de la Torre del Oro, se encuentra el muelle de la Aduana, el lugar en el que descargaban las naves que venían de ultramar. Hoy, los barcos que amarran a las cornamusas son los cruceros turísticos que se pasean por el Guadalquivir. Este atracadero recibía el nombre de la aduana, que se encontraba próxima a las Reales Atarazanas.

Sevilla alcanzó en el siglo XV el monopolio del comercio con Las Indias. El intenso trasiego de buques procedentes de las Américas dio a la zona el sobrenombre de compás de las Naos y el muelle de la Aduana se subdividió en tres y a este se le sumaron el del Arenal y el del Barranco. Por el muelle de la Aduana pasaron las piedras utilizadas en la construcción de la Catedral.

Muelles de Sevilla

Transporte de mercancías y epicentro de la actividad pesquera. Sevilla aprovechó su puerto de interior para gozar de una rica lonja de pescado, un mercado que se desarrollaba en lo que es hoy el mercado gourmet del Barranco. A dicha zona llegaban las naves cargadas de sal para cubrir las necesidades del sector. De ahí toma el nombre el muelle de la Sal, situado en la cabecera del Puente de Isabel II, otrora puente de Barcas.

Río abajo y ya en el siglo XX, los muelles de Nueva York y las Delicias comparten objetivo: servir de punto de atraque de personas. En el primer caso, el de Nueva York se inauguró en 1905 y desde ahí partían las líneas con destino a la ciudad de la Estatua de la Libertad. Sin embargo, su origen fue mas humilde. El muelle se conectaba con el palacio de San Telmo, sede del duque de Montpensier, que utilizaba estas instalaciones para embarcar hacia Sanlúcar de Barrameda. Por su parte, el de las Delicias se viene destinando al atraque de cruceros de turistas, habiendo sido adaptado para servir de estación marítima de pasajeros.

El uso industrial también ha sido recurrente en los muelles de Sevilla. El de Tablada, que discurre paralelo a la avenida de Las Razas, es un buen ejemplo de ello ya que aglutina un singular patrimonio industrial. Su construcción está relacionada a la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 ya que los almacenes sirvieron para albergar los pabellones de los países que no pudieron costearse uno propio. Su arquitectura regionalista la firman Vicente Tráver y José Granado de la Vega.

Pero la principal actividad de los muelles de Sevilla ha sido y es el de transporte de mercancías y, en este campo, destaca el de los Gordales, donde la Compañía Gaditana de Minas estableció un embarcadero complementario a la explotación del ferrocarril y en el que se recibían vagones de Aznalcollar de diez toneladas de carga. El muelle permitía la entrada de buques con capacidad para 5.000 toneladas.

Sin un mar que bañe la ciudad, Sevilla encontró en el río un nexo con el resto del mundo. Casi una veintena de muelles atestiguan la importancia que tuvo la capital en el transcurso de la historia.