Desde el año 1999, el edificio donde tiempo ha se hallaba el Convento de los Remedios alberga el Museo de Carruajes de Sevilla. Un lugar polivalente donde, además de dar a conocer al público el mundo del coche de caballos, ofrece otros espacios para exposiciones, reuniones, celebraciones, cócteles o espectáculos, entre otros.

Pero la historia de este enclave se remonta al año 1526. En este mismo lugar existió «una pequeña ermita levantada por el canónigo Martín Gasca, en honor de la Virgen de los Remedios a la que los marineros saludaban desde el río y a la cual se encomendaban los navegantes antes de partir hacia América», según apuntan desde el Museo. Y es que desde este punto partían las expediciones a las Indias como las de Elcano y Magallanes, por lo que fue una de las zonas con más actividad del puerto de Sevilla -conocida con el nombre de Puerto de las Mulas-.

Pero años más tarde, estos terrenos son cedidos a la congregación de los Carmelitas Descalzos con lo cual comienza a construirse el convento, topándose con unos de los principales problemas por aquel entonces que provocaban continuos desperfectos: las constantes crecidas del Guadalquivir. Así, en el año 1632 «se comienza a edificar el convento, que fue consagrado por el arzobispo Jaime de Palafox en 1700».

Según añaden, «este convento de los Remedios era pequeño. Constaba de iglesia, patio con arquerías, refectorio, dormitorios y una gran huerta, que ocupaba la mayor parte de lo que ahora es la calle Asunción», adhiriéndole dos nuevas naves colaterales en el año 1780.

Sin embargo, a raíz de la desamortización de Mendizábal, «los frailes son exclaustrados de forma definitiva, pasando el convento a manos seculares y siendo utilizado como almacén de maderas, casa de vecinos, etc, y en torno a 1840 se derriban la mayor parte de las dependencias del convento a excepción de la iglesia y elementos aislados».

En la actualidad

En la actualidad, «los restos del ex convento quedan delimitados por el este por un muro que da al río y a las instalaciones del Real Círculo de Labradores y por el oeste, con una franja de viviendas y varios árboles frutales». Tras ser reconvertido, entre 1928 y 1929, en Instituto Hispano Cubano y aportar un rico fondo documental americanista a investigadores y estudiantes, fue distinguido como Monumento Histórico Artístico en 1931, siendo ya propiedad del Vizconde de Los Remedios y magnate cubano, Rafael González Abreu.