Antonio Brajones Cubiles (1942-2013) ha sido todo un referente a nivel humano y profesional en el Colegio Santa Ana de Sevilla. Un centro que ha quedado huérfano tras el fallecimiento el pasado 19 de octubre del que fuera su director durante 10 años y maestro desde 1971. Una persona inolvidable en la comunidad educativa cuya pérdida ha generado una auténtica avalancha de mensajes, recuerdos y, sobre todo, muestras de cariño en las redes sociales. Alumnos, antiguos alumnos, profesores, padres y madres darán el último adiós a una de las personas más queridas en este colegio el próximo domingo 27 de octubre, a las 20.30 horas, mediante una Eucaristía de Acción de Gracias por su vida. El Colegio Santa Ana se convertirá en capilla para despedir y homenajear a la figura de un maestro que no ha dejado a nadie indiferente.

Y es que, según afirma Francisco, profesor del centro, «son muchas las generaciones que admiran y tienen como referente a Don Antonio Brajones. Son más de 43 años educando… y mil cosas más». Querido, respetado y admirado, Brajones ha dejado un huella imborrable entre el alumnado. En las redes sociales lo califican como «el Jesucristo del siglo XX», «como un padre para los alumnos» o como el «mejor profesor del planeta». Adoraban incluso sus «bellos gritos», y sus «riñas» eran bien aceptadas. Ha impartido clases de Latín, Griego, Filosofía, Ética, Educación para la Convivencia, Educación para la Ciudadanía, Religión, entre otras asignaturas, a varias generaciones y, por ello, el recuerdo de su trayectoria es imborrable.

«Llegó al colegio en abril del año 71. Creía en cada persona, en cada alumno, y tenía buenas artes de jardinero para ayudar con paciencia a que despuntara fuera lo que él ya intuía dentro», explica la Superiora General de la Congregación de las Hermanas de Santa Ana en una nota de agradecimiento a la dedicación del director Antonio Brajones. «Trabajador incansable», describe al profesor como una persona «sencilla, lúcida, servicial, alegre, firme, bondadoso, exigente, responsable, sereno y apasionado por la educación».

Vocación por la enseñanza

Un maestro por vocación para el que derrochan palabras de agradecimiento y amor. «Indiscutiblemente, sus preferidos eran los alumnos. Lo definían como persona la coherencia, la razón y la bondad. Estaba convencido hasta el fondo -o hasta el tuétano que diría él- de que lo que hacía tenía sentido: enseñar, formar, alumbrar los valores que sustentan la vida», recuerda la Superiora. Y según afirma, «su pensamiento pedagógico y teológico es clave para entender el pasado, el presente y el futuro de nuestro colegio».

«Insistía en el esfuerzo, en la importancia de asumir responsabilidades. Como maestro humilde, siempre gustaba de recordar a quienes enseñaba que no existe maestro sin discípulo. Entendía que la fuerza de los modelos educativos reside en el recuerdo y en el poso que dejan en quien pasa por ellos, por eso no tenía ningún temor a ser cuestionado», añade en su discurso.

Palabras de un eterno agradecimiento a toda una vida dedicada a la educación. Un maestro inolvidable hacia el que no cesan las muestras de gratitud. Porque deja una «estela de difícil extinción, siempre seguirá en el colegio, alentando y acompañando nuestros pasos». La ausencia de Don Antonio Brajones quedará colmada de recuerdos, de vivencias, de frases, de gestos. La felicidad que desprendía seguirá aguardando en cada rincón del Colegio Santa Ana, el lugar donde educó a miles de jóvenes durante más de cuatro décadas.