Llevan más de dos décadas luchando por un «Sahara libre». La Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla, cuya sede está ubicada en la calle Virgen de la Antigua, nació en Sevilla en el año 1992, tomando como referencia a una entidad ya existente en Madrid. Su presidente, Fernando Peraita, realizó el servicio militar en el Sahara Occidental y «vivió su abandono cuando España sale de ese territorio tras la marcha verde, lo vive en primera persona», explica Miguel Castro, vicepresidente de la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla.

Así, cuando Peraita regresa a la Península, Castro asegura que «se identifica mucho con el pueblo saharaui en cuanto a la responsabilidad que había tenido al abandonarlos a su suerte bajo la invasión marroquí, por lo que, junto a otras personas también vinculadas de una u otra forma al Sahara, iniciaron ese movimiento asLa Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui está en Los Remediosociativo». Desde entonces, su lucha ha sido incansable. La entidad se ha convertido en una fuente de ayuda y apoyo al pueblo saharaui. Para ello, llevan a cabo programas culturales y educativos, recogidas de alimentos y proyectos de cooperación, entre otros. «Mediante las caravanas por la paz, se recogen alimentos por Sevilla y provincia para llevarlos a los campamentos de refugiados saharauis. En febrero enviamos 75.000 kilos entre aceite, arroz, azúcar, medicamentos y también material escolar», explica el vicepresidente.

En total son 350 socios pero para todas las acciones cuentan con un buen número de voluntarios, muchos de ellos pertenecientes a las agrupaciones locales en municipios donde se forman grupos de trabajo «bajo el paraguas» de esta asociación. Y cada verano, Sevilla se convierte en un particular oasis que recibe con los brazos abiertos a decenas de niños saharauis. «En el año 94 vienen los primeros niños que son acogidos en familias durante el verano, unos 125 aproximadamente. En 2005 llegaron a la ciudad unos 1.000 niños, pero con motivo de la crisis, la cifra es mucho menor. Aquí mejoran el castellano, asisten a revisiones sanitarias, estudios analíticos, etc. Acaban formando parte de la familia y se crea un lazo de unión. Abren las puertas y los corazones de quienes los acogen», sostiene Miguel Castro.

Esta organización sin ánimo de lucro dispone, además, de una comisión sanitaria con personal voluntario que cada tres mesas se desplaza al Sahara durante 20 días, a los campamentos, para realizar intervenciones y formación sanitaria. En cuanto al tema educativo, Castro declara que «ayudamos a una escuela de intregración especial de niños discapacitados, en la ayuda alimentaria y mantenimiento de la propia escuela; actividades culturales con artistas saharauis; entre otras».

«Estamos en una difícil encrucijada en el conflicto del Sahara por los últimos acontecimientos en Marruecos desde 2011. Está dividido de norte a sur por un muro enorme de arena, de 2.700 kilómetros de distancia, con alambradas y bombas antipersonas», expone. Pero a pesar de las dificultades, la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla no desiste. «Vamos a continuar luchando, porque España tiene una responsabilidad moral y política, es un conflicto heredado por los españoles, responsable del sufrimiento y de la situación que vive el pueblo saharaui, y tenemos el deber de ayudarles hasta que alcancen el derecho de autodeterminación, que es lo que aspiran».