Su historia, salvando las distancias, bien podría asemejarse al «Adriático» de la escritora y periodista Eva Díaz Pérez. Aquella imagen con la que inicia su obra, «un cadáver flotando en el canal», y objetos que «aparentemente son basuras» pero que entrañan diversas historias personales, se trasladan de la laguna de Venecia a la dársena del Guadalquivir. En la trama de su novela, el profesor Vittorio Brunelleschi es el encargado de «rastrear e inventariar los objetos naufragados». Una poética tarea que en su versión más pragmática viaja de la ciudad italiana a la capital hispalense para desvelar los secretos sumergidos en el Guadalquivir.

Sus 11 metros de eslora surcan cada mañana las aguas del antiguo río Betis. El catamarán Anastasio Senra parte antes del amanecer, a las 06.30 de la mañana, para escudriñar los fondos del Guadalquivir. Tramo a tramo, desde el Huevo de Colón hasta el puente de Las Delicias, el patrón Fernando López y el marinero Antonio se topan con esa estampa veneciana del «Adriático». A diferencia de Brunelleschi, ellos se afanan por limpiar los bajos fondos con una única misión: mejorar las condiciones medioambientales de la dársena.Los secretos sumergidos en el Guadalquivir

Dos mil kilos de suciedad sumergida que expurgan cada semana. Botellas, latas, hierros, bicicletas, troncos, maderas, componen gran parte de esos «objetos naufragados» y restos flotantes. Pero trabajar en «la calle más bonita de Sevilla», así lo califican, les hace enfrentarse también a los hallazgos más amargos. «Nos hemos encontrado algunos cadáveres -en total 27 desde los inicios-, y coger a una persona es lo peor. Cuando ocurre, activamos el protocolo necesario en estos casos y colaboramos con la Policía en todo momento. Hace menos de un mes que encontramos el cuerpo de un hombre mayor», describe el patrón con el inevitable gesto mustio por el luctuoso recuerdo. También ramos de flores y urnas de las cenizas de difuntos son lanzados al agua, convirtiéndose el río casi en un «camposanto sumergido».

La barcaza de Lipasam ha extraído numerosos vehículos, tanto automóviles como motocicletas. «En el primer año de actuación, en 1991, encontraron un Citroën 2CV, aunque para los objetos más pesados se utiliza una grúa. El caso salió incluso en la prensa. Y con la apertura de la Expo, encontraron un frigorífico», destaca López. Para otros residuos o elementos de menor peso, emplean una pala que se eleva y descarga en el contenedor, atestado de restos que serán reciclados.

El soporte de la cucaña

Esta embarcación es, además, «multifuncional». Desde ella emerge cada Velá de Triana la cucaña contribuyendo a mantener esta histórica actividad. Asimismo, el barco va dotado de un sistema que le permite colaborar en la extinción de un incendio en la dársena del río. «Aquí contamos con un depósito de 200 litros», expresa entre risas señalando al Guadalquivir. También eliminan pintadas o carteles que existan en esas márgenes, e incluso ayudan a remolcar otros barcos. Y por supuesto, no faltaron en la búsqueda intensiva del cuerpo de la joven desaparecida Marta del Castillo.Los secretos sumergidos en el Guadalquivir

Pero los servicios de Limpieza y Protección Ambiental de la Dársena no pueden evitar mostrar la desazón al arribar cada mañana a su puesto de trabajo. «El civismo es muy importante, y en ciertas estaciones del año se nota poco. Sufrimos más en primavera, sobre todo por los jóvenes que tiran botellas y plásticos al río. Es la primera calle de Sevilla y hay que tenerla limpia, por lo que la colaboración de todos, incluso de quienes vienen a pescar, es muy importante», declaran.

Contra viento y marea

Aquí la climatología no influye, y llueva o ventee, con frío o calor, el catamarán Anastasio Senra debe navegar en pro de la limpieza. «Lo más bonito es el entorno, pero aquí no tenemos toldo para aguantar el calor en verano y todo lo que te pongas encima es poco en invierno», confiesa el patrón.

Todo merece la pena cuando el trabajo queda hecho cada día. De lunes a viernes, a las 14.00 horas, el tramo correspondiente queda como una patena. «Nos quedamos satisfechos, pero miramos diciendo: a ver cuánto tiempo queda la zona limpia», afirma Fernando López. En agosto, la embarcación se saca fuera de su hábitat para ser reparada y adecentada. Un mes en el que el río queda huérfano de sus centinelas. Aquellos que a diario se remangan para que el Guadalquivir sea el reflejo impoluto de la ciudad. Para ahondar en los secretos sumergidos del «Adriático» hispalense.