Un paseo por Nueva York le bastó para traer hasta el número 4 de la calle Niebla una alegre iniciativa. Orgulloso, Antonio Gajardo muestra desde el interior de su farmacia las vistas, cómo lucen los alcorques frente a su negocio. De nuevo, agarra los utensilios para cercar y proteger la adelfa que él mismo ha plantado. «Estas maderas evitarán que la pisen», comenta a golpe de martillo. Este farmacéutico, a ratos jardinero por devoción, ha logrado cautivar a todo un barrio desde hace apenas un mes gracias a la idea que importó de la ciudad que nunca duerme.

«En un viaje a Nueva York que hicimos mi mujer Mª Ángeles -también farmacéutica y propietaria- y yo, vimos que los comercios sacaban sus propias plantas a la calle, y nos gustó la idea», apunta Gajardo. Así que, nada más regresar, se pusieron manos a la obra y no dudaron en dotar de color la esquina de su conocido establecimiento. En uno de los alcorques, alrededor de un naranjo, plantaron algunas flores pero «las arrancaron», así que, las han sustituido por una variada gama de temporada en tiestos que guardan cada noche en el interior de la farmacia.Una farmacia con vistas neoyorkinas en la calle Niebla

«Los vecinos están encantados, no esperábamos que tuviera tan buena aceptación. Incluso se ofrecieron voluntarios para traernos macetas cuando se llevaron las plantas anteriores», explica emocionado. En el alcorque que ahora florece una resistente adelfa, antes había un naranjo que murió «probablemente por las altas temperaturas aunque lo regábamos». Gajardo confía en que los esquerjes -denominados correcaminos- que rodean la planta creen un tapiz a modo de manto de color violeta y verde. «Si plantan ahí otro naranjo, seguro que no se me va de nuevo. Tengo incluso cargo de conciencia porque no lo he sabido cuidar», declara con modestia el farmacéutico.

Mima cada hoja, cada flor, cada rama, y no ha reparado en materiales para proteger también el árbol del alcorque más florido. «Evito así que los coches más altos puedan agredirle, porque si dañas la corteza, comienza a morir», apunta.

Que cunda el ejemplo

Para este extremeño afincado en Sevilla desde hace más de 30 años, no supone ningún esfuerzo ni sacrificio cuidar de estos dos alcorques que lucen «en todo su esplendor». «Me encantaría que también lo hicieran en otras calles, en las puertas de otros negocios. A la gente le gusta mucho, y es una vista muy colorida. Los ciudadanos, con pagar impuestos, no es suficiente. Podemos contribuir también teniendo peUna farmacia con vistas neoyorkinas en la calle Nieblaqueños gestos como éste», haciendo así el día a día más agradable.

Una labor desinteresada y generosa en la que pone todo su empeño y mimo. Un poco de arena, tierra y abono para un paisaje que emula a las vistas neoyorquinas en un trocito de la transitada calle Niebla. Pero su acción en pro de los vecinos no se ciñe a lo meramente paisajístico. También instala cada mañana un banco de madera en la puerta de su establecimiento para todo aquel que desee parar y descansar un rato. «No es sólo para los clientes, también para la gente mayor, para quienes pasean a su perro, para todo el que quiera hacer uso de él. Lo vimos en Nueva York y no lo ponían para sentarse a tomar nada, sólo para eso, descansar», explica. La diferencia con la ciudad estadounidense es que allí no se ven obligados a usar candados para que no se los roben.

Antonio es un hombre afable y sencillo, preocupado sólo por mejorar el entorno y hacer la vida un poco más fácil y alegre al resto de ciudadanos. «Lo primero que hago cada mañana cuando llego es ver la adelfa», espeta con una sonrisa en el rostro. Su historia bien podría terminar como la famosa canción de Sinatra: «[...] y si puedo hacerlo allí, puedo hacerlo en cualquier parte, depende de ti [...]». Lo dicho, New York, New York.