Hay nombres de calles en la ciudad cuya denominación se antoja obvia o tan archiconocida por todos que parece que siempre tuvo esa designación. Pero si reparamos en la gran mayoría de las vías del callejero sevillano, el proceso nominativo por el que han pasado las calles de Sevilla ha sido heterogéneo y desconocido por muchos. Por ejemplo, si hablamos del antiguo camino o callejón de la Barzola, o del camino de San Jacinto, ¿sabrían decir a qué calle nos referimos?

Pues con ambas nomenclaturas, estamos aludiendo al origen de la avenida de la Cruz Roja, en el distrito Macarena, conocida como tal desde 1936 a petición del Comité Local de la Cruz Roja por tener allí ubicado su domicilio social, el hospital y el dispensario. Sin embargo, según apunta el Diccionario Histórico de las calles de Sevila, «hasta esa fecha se conoció como camino o callejón de la Barzola y, según el plano de 1884, como camino de San Jacinto porque conducía, entre otras, a las huertas del mismo nombre».

La Cruz Roja «es una asociación internacional creada a raíz de la Convención de Ginebra de 1864 con el objetivo de auxiliar a los heridos de guerra», y es en 1923 cuando se inaugura el Hospital Victoria Eugenia, conocido como el Hospital de la Cruz Roja de Capuchinos y aún en activo, bajo el patrocinio de los Reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria y gracias a la cesión gratuita de unos terrenos y locales circundantes por parte de los herederos de Juan Marañón y Lavín. Cruz Roja invirtió una importante suma de dinero en adaptar el edificio, que fue construido para albergue de mendigos, en un magnífico Hospital-Dispensario, que inicialmente contaba con una sola planta. En 1951 el Hospital contaba con 100 camas. En el año 1992 comenzaría una nueva etapa, vigente en la actualidad, fusionando tradición e innovación. «Se fundó para la recogida de niños abandonados y facilitar la lactancia infantil, para contribuir al descenso de la mortalidad infantil».

Los años treinta

A principios de los años treinta en esta vía «se instala el agua y el alcantarillado, y en los años cincuenta se pavimenta con adoquines y aceras de baldosas. En 1939 cuenta con alumbrado eléctrico público», al igual que su arbolado, que data de finales de la misma década. La alineación de las casas «nos ofrece una secuencia de arquitectura popular desde los años treinta a los sesenta, con fachadas decoradas con elementos regionalistas y del historicismo de los años cuarenta, donde destaca el mencionado Hospital de la Cruz Roja, que es el resultado de tres proyectos: la obra principal es de José Gómez Millán (1923); la capilla de Luis Fernández Palacios y Palazuelos (1928); y el pabellón trasero de José Espiau y Muñoz (1930)».