Hace seis años que se transformó en la «vigía» de Sevilla. Desde ella se observa una ciudad blanca que se otea a 45 metros de altura. Imágenes únicas que en días despejados alcanza a vislumbrar hasta «la serranía de Ronda». Aquí, la metrópoli se palpa. Por donde hace décadas caía el plomo fundido, hoy día se accede para alcanzar a disfrutar de unas de las vistas más espectaculares de la ciudad. La Torre de los Perdigones se ha convertido en un peculiar y casi desconocido mirador a Sevilla.

Desde que fuera restaurada por el Ayuntamiento de Sevilla en el año 2007, este histórico edificio -gestionado por una empresa mediante concesión municipal- alberga un mirador y una cámara oscura. José Ángel es De fábrica de perdigones a mirador de Sevillael encargado de este monumento. «El señor de la torre», como es conocido entre sus compañeros, tiene el privilegio de contemplar estas vistas a diario. Custodia cada día de martes a domingo este particular edificio. Con disposición y sabiduría -es Guía Turístico- explica a los visitantes como un experto cicerone.

En la entrada, junto al ascensor que asciende hasta el mirador, expone un par de fotografías antiguas de la torre, que data de 1890 y «que formó parte de la fábrica de San Francisco de Paula, propiedad de la familia Mata». La torre que era utilizada para producir perdigones de plomo, ahora es un peculiar y alternativo «observatorio» de la ciudad. «Principalmente la visitan turistas, ya que desde que comenzó la crisis ha descendido el número de visitantes de Sevilla», apunta José Ángel. Por 1,50 euros se puede visitar el mirador, mientras que por 4 euros se accede también a la cámara oscura.

Tras subir en ascensor y los 20 escalones, la ciudad se descubre bajo un mirada diferente. En apenas media hora, el recorrido deja huella. Desde arriba, la ciudad se torna blanca, encalada por los cuatro costados. Desde estos 45 metros de altura enclavados en la calle Resolana, Sevilla es abierta, impoluta, clara y limpia. «Los días de lluvia hay que cerrar. Aquí la meteorología influye mucho, y si llueve no hay vistas», apunta el encargado. José Ángel se encarga de hacer cada sesión única, para evitar caer en la monotonía. «Llevo toda la vida explicando la ciudad de una forma u otra», detalla.De fábrica de perdigones a mirador de Sevilla

La cámara oscura

Sin duda, las vistas panorámicas desde la Torre de los Perdigones son una auténtica delicia. Pero la cámara oscura «llama más la atención, sobre todo ver las casas». Es una de las pocas de Europa y muestra una imagen en directo y en movimiento de la ciudad mediante un periscopio. Así, mediante «un espejo y unas lentes de aumento» se proyecta sobre una pantalla blanca en el interior de la cámara oscura la imagen en directo de Sevilla, «como una fotografía pero en movimiento».

«Las lentes están al final de un tubo situado encima de la pantalla, y la luz entra a través de una ventana, incide sobre el espejo y pasa por las lentes haciendo que la imagen se refleja en la pantalla, hecha de fibra de vidrio», expone José Ángel. Una forma de tocar y palpar la ciudad en toda su extensión. «La más antigua del mundo está en Edimburgo», añade.

Una perspectiva diferente y única, con imágenes en vivo de la Sevilla eterna. Un efecto óptico que deslumbra con la «mejor vista panorámica» de una urbe blanca e impoluta. La Torre de los Perdigones cerró en los años 50 para dejar de producir plomo, pero renació en pleno siglo XXI para abrir una ventana a Sevilla. Convertida en una extraordinaria atalaya, en pleno barrio de la Macarena, acaricia la ciudad desde sus 45 metros de altura.