La manera de pintar del artista sevillano Murillo dejó un importante y numeroso grupo de discípulos que, bajo las directrices estéticas del pintor, plasmaron su obra. La causa fundamental fue el éxito generalizado del arte de Murillo, cuya clientela se extiende hasta rebasar el setecientos con temas de iconografía religiosa.

En orden de edad, destaca la figura de Francisco Meneses Osorio, considerado como el mejor heredero de la estética del pintor, desde que se le escogiera en 1682 para continuar las pinturas del retablo de los Capuchinos de Cádiz. Sin embargo, algo de personal hay en su obra, que comenzó en la década de los sesenta coincidiendo con la fundación de la Academia, a la que perteneció entre 1660 y 1673.

Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco

Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco

A pesar de tener por costumbre plegarse a una manera exitosa de creación, también mostró su diverso modo de ejecución, más personal, a través de obras como «San Cirilo en el Concilio de Éfeso» del mismo Museo de bellas Artes de Sevilla, ambiciosa composición que pese a su firma y fecha de 1701 entronca en estilo con la tradición sevillana de mediados del XVII, al conjugar el realismo y las formas escultóricas de las figuras, propios de Herrera el Viejo o Zurbarán.

También se puede destacar «La Virgen de los Desamparados con San Vicente Ferrer y San Pascual Bailón» situada en el Museo del Hospital del Pozo Santo.

Entre sus obras, alguna vez asignadas al propio Murillo, como ha ocurrido con el «San Pedro Nolasco ante la Virgen» del Museo de Bellas Artes de Sevilla, pueden citarse el «San Juan Bautista niño» (en la imagen que abre este reportaje) del mismo Museo y la Dolorosa del convento de la Encarnación de Osuna, fechada en 1703.

A partir de aquí inició una carrera jalonada de obras, cuya pauta fundamental fue la búsqueda de identidad de estilo con el del maestro, que consiguió en cuadros como la «Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco», en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, tan acertada que hasta no hace mucho se catalogaba como de Murillo.

Homenaje en el callejero

Su impronta pictórica dejó un nutrido legado y su nombre aparece rotulado en una vía del Distrito Macarena. Francisco Meneses, es una calle amplia de poca longitud, en el primer proyecto de parcelación de la Huerta de la Barzola en 1922, aparece trazada como una vía que iba a unir Ronda de Capuchinos con Albaida y en una disposición casi paralela a José María Izquierdo.

Comienza a formarse por la ronda, y este primer tramo da lugar a La María, y entre 1918 y 1920 se construye el edificio con fachada a Miraflores, cuya trasera se constituye en la acera derecha del actual Francisco Meneses.

La calle Francisco Meneses, del Distrito Macarena, muy cercana a la avenida de Miraflores

La calle Francisco Meneses, del Distrito Macarena, muy cercana a la avenida de Miraflores

Desde esa fecha hasta finales de los cincuenta se edifica la acera de los impares. La María se prolongó hasta el interior de la antigua huerta pero sin alinearse con Francisco Meneses, por lo que se rotularon con diferentes nombres. Al ser una vía particular, su urbanización le correspondía al propietario del suelo parcelado, pero nunca llegó a hacerlo, en 1961 el Ayuntamiento autoriza a los vecinos a pavimentarla por su cuenta.