Con este trágico nombre fue conocida en 1310 la actual Ronda de Capuchinos, una de las principales vías de la Macarena. O al menos así lo manifestó Ortiz de Zúñiga, «entiéndese por haber acabado en él a los filos del cuchillo mahometano en las persecuciones del tirano Abderramán, rey de Córdoba, que llenó de crueldades toda esta provincia».

Pero no fue el único apelativo que recibió esta conocida calle, pues también en su nomenclatura figuraron nombres como «sitio de la Justa o de la Justa y Tela, porque allí se ejercitaban en justas y torneos los caballeros» a comienzos del siglo XVII. Fue después, en el mismo siglo, cuando cuando a denominarse como sitio de Capuchinos debido al cercano convento de frailes capuchinos. Posteriormente fue Ronda de la Pastora hasta finalmente ser nombrado como Ronda de Capuchinos en 1891.

No fue urbanizada hasta mediados del siglo XIX, cuando se realiza un paseo arbolado. Anteriormente, «por su condición de espacio extramuros, pero inmediato al recinto urbano, desde el s. XVII son frecuentes las referencias a la acumulación de escombros en la zona, y particularmente a la formación de lagunas, en las que vertlan las aguas residuales, algunas tenerías y, estacionalmente, los alpechines de los molinos de aceite situados intramuros, con las consiguientes quejas acerca de los malos olores y los peligros que entraña el estancamiento de estas aguas fétidas para la salud».

Asimismo, tras el derribo de las murallas «quedó constituida por el barrio de San Julián y edificaciones de carácter industrial, como la fábrica de tejido La María, un almacén de aceitunas y el edificio de la Sociedad Anónima Unión Industrial y Comercial». No faltaron las populares casas baratas, en esta ocasión construidas por Gómez Millán en 1912.

Pero la gran reforma urbanística se ejecutó a finales de los 60, «cuando se derribó el barrio de San Julián en una operación urbanística justificada por su degradación generalizada». Asimismo, desde 1910 circulaba por esta «ronda histórica» una línea de tranvías.

Los conventos

Además del convento de los capuchinos, se fundaron otros en este lugar extramuros como el de San Leandro, de monjas agustinas. Durante más de dos siglos el convento fue, pues, la única edificación existente en la zona, quedando rodeado de un conjunto de huertas de su propiedad. Tras la exclaustración, quedó en manos del Ayuntamiento, que a finales de 1876, 1887, lo utilizaba como albergue de mendigos y almacenes. Las huertas fueron progresivamente ocupadas».

Fuente: Diccionario histórico de las calles de Sevilla.