Con motivo de la Bienal de Flamenco de Sevilla surge el recuerdo de muchas figuras del mundo del cante y el baile que han marcado momentos decisivos en la historia de este género artístico. Bajo el apodo de «Niña de la Alfalfa», Rocío Vega Farfán, vivió en la calle Boteros, en el barrio popularmente conocido como La Alfalfa, del que proviene su nombre artístico.

Cantante de zarzuela y ópera, destaca sobre todo como intérprete de saetas, estilo en el que se la consideraba una de las grandes, «esos cantaores no hacían cantes con técnica de cantante lírica, sino flamenca o andaluza».

El arte de la saeta, género que ya por los siglos XVI-XVII comenzó a cantarse como coplas religiosas entonadas por las calles entre los franciscanos, para inducir a los fieles a la piedad y el arrepentimiento, era un cante triste según algunos. Luego pasaron a ser narrativas, por medio de salmo o pregón, en los que se comentaba y hablaba de los misterios. Desde los años 30, la saeta toma una enorme importancia en el flamenco.

Rótulo de la calle «Niña de la Alfalfa»

Rótulo de la calle «Niña de la Alfalfa»

Un momento trascendental en su carrera lo vivió un Jueves Santo cantando desde el balcón del Círculo de Labradores, a la Virgen de la Victoria, de la Hermandad de las Cigarreras. En esa ocasión el rey Alfonso XIII que presidía el paso de la virgen quedó tan prendado de su actuación que al acabar solicitó que le fuera presentada la intérprete.

Como consecuencia de dicha entrevista el Círculo le proporcionó una decidida protección, facilitándole una beca de estudios de canto en Madrid. Por su parte, el monarca firmó un valioso documento por el que quedaba proclamada como «Reina de la Saeta».

Tomó parte en distintos espectáculos, entre ellos, en 1947, «Pasan las Coplas», con Pepe Marchena, grabó discos y creó escuela saetera. Antes de su muerte, el Ayuntamiento de Sevilla le dedicó un especial homenaje colocándole una placa en la casa donde vivió en la Plaza de la Alfalfa. Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, le escribieron los siguientes versos en su abanico: «Es tu saeta canción, que hasta el cielo se levanta, grito de tu corazón, que al pasar por tu garganta se convierte en oración».

En el Distrito Macarena la calle «Niña de la Alfalfa» fue rotulada en 1974, destacándola como célebre cantante de saetas, a petición de la inmobiliaria que construyó las viviendas. Trazada a principios de la década de 1970 sobre los terrenos de la antigua «Huerta de la Carrasca», situada en las inmediaciones del camino de San Lázaro.

Folclore, Copla y flamenco

Según José María de Mena, en su obra «Historia de Sevilla», ya desde los años 40 destacan intérpretes del folclore como Paquita Rico, Juanita Reina, Marifé de Triana, Mikaela y Conchita Bautista. En el cante flamenco, ya consagrados desde los años 20, Pastora Pavón, llamada la «Niña de los Peines» y su marido Pepe Pinto, y algo posteriores, Manolo Caracol, Gordito de Triana, Naranjito de Triana, y desde 1960 Antonio Núñez «El Chocolate»…Y entre 1940 y 1960 la Niña de la Alfalfa. Posteriormente, en el género de las sevillanas, los hermanos Reyes y el Pali.

En el baile andaluz, en los años 40, la pareja Rosario y Antonio, discípulos del célebre Manuel Real, «Realito», que tuvo su academia en la calle Trajano que hacia esquina en la Alameda. Otros maestros de baile famosos han sido el maestro Otero, Enrique el Cojo, la profesora Adelita Domingo, a partir de 1950, y Manuel Valdivia Herrera.