Ese es sólo alguno de los nombres por los que fue conocida la actual avenida de Sánchez Pizjuán, en el barrio de la Macarena. Una vía que antes de rotularse en 1919 con esta nomenclatura en honor al cirujano sevillano -una propuesta que partió del Colegio de Médicos-, recibió otras denominaciones. Así, se llegó a denominar como calzada de San Lázaro o de la puerta de la Macarena, calzada de los macarenos, camino de San Jerónimo o camino de La Algaba. En 1852 tuvo lugar la apertura del cementerio de San Fernando, motivo por el cual adquirió los nombres de camino del cementerio, camino viejo del cementerio o camino alto del cementerio.

Diversos apelativos para designar a Sánchez Pizjuán, la «calzada de los macarenos»esta avenida por la que solían entrar a la ciudad la mayoría de los Reyes, y también las mercancías procedentes de la Sierra Norte y de la Ribera. «En el plano del infante don Carlos, donde aparece denominada como la calzada de los Macarenos, discurría entre huertas como la Calesita, la de la Cordobesa, la del Sol, Grande de San Lázaro, la Bachillera y otras». También se detecta en el mismo plano tres ventas: la de los Escalones, la de la Concepción y la de los Gatos, esta última la más afamada. Y es que al ser una de las vías de comunicación más importantes de la ciudad, comenzaron a proliferar numerosas ventas en sus márgenes. Asimismo, existían dos callejones «los del Almez y el Cerezo, que discurrían entre huertas y que comunicaban con la actual avenida del Doctor Fedriani».

Será en 1963 cuando comienzan a construirse las barriadas de iniciativa privada en los alrededores de Sánchez Pizjuán, un lugar que anteriormente tenía preservado un tramo sólo para la instalación de pequeñas industrias.

El origen: una calzada romana

«Un tramo de la calzada romana desde la puerta que debía estar a la altura de la actual iglesia de Santa Catalina y que se dirigía hacia Córdoba» parece ser el origen de esta importante avenida. Conservar esta vía en buen estado fue una preocupación constante de las autoridades, al ser uno de los principales accesos a la ciudad por el norte. Un camino que fue aún más transitado tras la fundación del hospital para leprosos de San Lázaro por parte de Alfonso X.

Al ampliar los almohades las murallas, en el siglo XII, «se acortaría el trazado de la calzada, que se iniciaría en la ya conocida entonces como puerta de la Macarena».