Enrique Rodríguez Domínguez es uno de los privilegiados costaleros de la imagen más venerada, de una Hermandad con más de cuatro siglos de antigüedad, conocida en el mundo por hacer suyo el nombre de su barrio, Macarena. Los 15 años que lleva realizando la estación de penitencia, otorgan a este costalero una gran responsabilidad, a pesar de soportar más de 50 kilos y realizar una estación de penitencia de más de cinco horas, para él es ver cumplida la mayor de las ilusiones, portar sobre sus hombros junto a sus compañeros a la Esperanza Macarena. «Llevar este peso para mí es un orgullo que veo cumplido cada año y espero que por muchos más», apunta.

Es uno de los pocos grabadores artesanos que tiene Sevilla, una profesión que aprendió desde muy joven y que está muy unida a su condición de costalero. Hoy tiene su propio taller, situado en el pasaje de la calle Sierpes. Se prepara para el gran día, el jueves santo, la madrugá, escuchando las marchas procesionales típicas de esta hermandad, sostiene las piezas que graba manualmente y relata la importancia que tiene para él desde pequeño la Semana Santa, la Macarena y el hecho de ser costalero.

Todos los costaleros tienen su función debajo del paso, cada uno soporta un peso, según el lugar donde estén posicionados y según la angostura de la calle soportará más o menos peso. Como ubicación privilegiada destaca la primera trabajadera, en el respiradero, «vas viendo las caras de la gente, es la posición donde mejor puedes percibir la devoción y las caras de emoción contemplando el paso». Enrique añade «me considero privilegiado, he estado 10 años en la primera trabajadera, otros de patero y ahora voy en segunda, en el costero derecho, al que le gusta esto no se le hace pesado, al contrario con los kilos se disfruta».

Desde los 21 años que comenzó en esto y tras todos estos años «sigo con la misma ilusión, esta devoción me viene en parte por tradición familiar, mi abuelo era aguador y los tíos de mi padre también fueron costaleros, somos de toda la vida de la Macarena y yo tengo la suerte de haber vivido aquí desde pequeño». Además, asegura que «decido emprender este camino porque creo que debajo del paso le doy más a la Virgen que estando fuera, esto te carga las pilas para todo el año, te da una fuerza espiritual indescriptible,  yo he salido de nazareno pero no se siente lo mismo que estando bajo el paso, es una sensación que no puedo describir con palabras, hay circunstancias en mi vida que recuerdo y que debajo del paso se intensifican más, piensas en tu familia, en tus hijos, son unas vivencias, unos sentimientos que intento trasladar a los míos».

La preparación

«Durante el año es bueno prepararte físicamente, es un paso que exige mucho, tiene mucho prestigio y los costaleros siempre intentamos estar a la altura de esta imagen que representa devoción para muchas personas, llevamos muchos años juntos y esto es como una familia realizamos muchos actos de convivencia, yo llevo 25 años como hermano, mis hijos también son hermanos y espero que a ellos les guste esto tanto como a mí».

Segúne explica, «antes de comenzar descansamos la noche anterior, siempre hay nervios pero estas deseando salir, somos dos cuadrillas, alta y baja para realizar los relevos en las distintas calles, todo está muy organizado. La mayor motivación que podemos tener es llevar a la Virgen, hay que estar en una lista de espera y tener antigüedad como hermano, no es fácil llegar hasta aquí». Añade también que «la Semana Santa es lo más grande para mí y creo que una de las fiestas más tradicionales y que mejor representa al cristiano de a pie, en nuestra tierra más que en ningún otro lugar se vive con mucha intensidad».

«Suelo hacer vida de Hermandad, siempre están los cultos, las misas, colaboramos en todo lo que podemos, es una convivencia que se extiende a lo largo de todo el año, los costaleros nos reunimos todos los jueves primero de mes, para no perder el contacto, con el fin de mantener el hermanamiento entre nosotros, para mí son mis hermanos, dentro y fuera, son muchos momentos intensos los que vivimos cuando estamos debajo del palio, esta situación también la viven las mujeres que tienen mucha paciencia ya que en ocasiones pasamos muchas horas juntos, muchos ensayos, es muy frecuente el día en el que solemos terminar a las 3 ó 4 de la madrugada, empezamos a las diez y media u once de la noche, después tomamos algo, nos ponemos a charlar de nuestras cosas y nos dan las cuatro y media de la madrugada, para el dolor de espalda lo mejor es la hidratación, es normal salir del paso encogido».

Recuerdos de infancia

«La pasión por la Semana Santa me viene desde que era pequeño, me gusta absolutamente todo lo que rodea a esta semana tan especial  y creo que también para todo sevillano o para cualquier persona que le guste esta semana tan señalada en nuestro calendario, desde que comienza hasta que finaliza. Un recuerdo de la infancia es cuando mi padre nos cogía a mi hermano y a mí y nos íbamos el jueves por la mañana a las iglesias para ver a todas las hermandades que salían en la madrugá, cuando era pequeño vivía igual de intensa la Semana Santa, pero de otra manera, desde otra perspectiva, recogiendo la cera, estampas, caramelos, siempre veía los pasos en la Campana y después callejeaba, hoy día vivo estos momentos de  manera muy especial, ya que existe recogimiento, reflexión que me lleva a la esperanza, la fe y a una actitud de compromiso con las personas que me rodean».

«Actualmente hay mucho golpe de pecho con las hermandades que van surgiendo de no se sabe dónde, muchos van buscando intereses al margen de lo puramente espiritual o religioso, por otro lado hay personas dentro de este mundo como son los bordadores, imagineros, orfebres, estas personas son las más sencillas y trabajadoras y en ocasiones son grandes desconocidos también por estas personas merece la pena seguir».

«Con respecto al tiempo, yo siempre digo que sea lo que Dios quiera, después si no sale nos hartaremos de llorar, porque llevamos todo un año preparándonos para este gran día, no sabes si el año que viene vas a poder salir ya que son 365 días, se hace muy largo y no sabes que puede ocurrir, tienes que estar al cien por cien para estar ahí debajo. Son 6 o 7 horas bajo el paso y se hacen cortas, te das cuenta de que se pasa la madrugá volando, la cantidad de sentimientos y de vivencias que tienes, la de gente que hay esperando a la Macarena en la calle, poder ver esto a través de un pequeño orificio es un privilegio que hay que aprovecharlo hasta el final, saber que estas llevando a la madre de Dios, eso es lo más grande».

La estación de penitencia

«El lugar donde mejor se ve este paso es a la vuelta por el barrio, con la esencia de sus calles, con la espera de los macarenos de toda la vida, por la calle Parra, calle Feria, cuando va de recogida. Esta estación de penitencia la vivo sobre todo recordando al familiar que esté enfermo, a tus hijos, a las personas que esperan en la calle la llegada del paso y a los que los que no pueden verla. Le pido a la Virgen salud y fuerza para seguir todo el año, quiero que mis hijos vivan cuando sean más mayores lo que su padre está viviendo como costalero y transmitirles la devoción que tengo yo por la Virgen».

«En mi profesión hago muchos trabajos para orfebres, por ejemplo el ancla de la Trinidad la restauré y la grabé junto con un amigo mío Antonio Medina, la lanza de un armao entre otros, me siento orgulloso de todos estos trabajos ya que estos enseres son usados en sus salidas procesionales, ves tu trabajo plasmado en obras dignas de aprecio no sólo por el valor artístico sino también emocional, soy un eslabón más de esta cadena de reconocidos orfebres». Este año la Esperanza Macarena presenta una novedad y es que volverá a lucir su popular manto de tisú, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Nadie ve sus caras, nadie sabe quiénes son, pero todo el mundo conoce sus pasos lentos, medidos y parados que hacen que la imagen de la Macarena luzca en el día más grande de la Semana Santa sevillana, custodiada por la muralla, en una noche llena de magia y embrujo en un barrio histórico. Es un privilegio ver las caras de emoción de los vecinos macarenos interrumpidas por gritos de guapa, lágrimas de alegría, sentimientos, recuerdos…  Sale la Esperanza Macarena inundando cada rincón, cada esquina, mecida por 36 ángeles la suben a lo más alto para que todos podamos contemplar una belleza sin medida, la de la Madre de Sevilla.