Los viandantes quedaban prendados frente al escaparate de la antigua peluquería Bors en la calle Sierpes. No quitaban ojo de aquello que vislumbraban tras los cristales: un barbero cortando el pelo a navaja y rociando el cabello con laca. Se trataba de Pepe Santa Domené (1932-2013), un maestro de peluqueros que revolucionó e impulsó el oficio en la ciudad. Su negocio en la calle Previsión número 10 -Peluquería Santa- ha quedado huérfano desde que falleciera el pasado 23 de septiembre por una repentina enfermedad. Porque aunque estaba jubilado desde los 65 años, y su hijo David tomara las riendas de las tijeras, no pasaba un día en que Pepe no se acercara hasta el local por el que se había desvivido tantas décadas.

Natural de Villanueva Pepe Santa, el peluquero que importó la laca y el corte a navajadel Río y Minas, Pepe aprendió el oficio desde pequeño de la mano de su padre, José Santa Tarrafeta, quien regentaba una barbería de señoras y caballeros en el pueblo -adelantado a su época- con «pelado última novedad, especialidad en garzón, manolo y colón», haciendo alusión a los diferentes cortes de pelo, según reza un anuncio del año 1936. Y esas ganas de innovar se las transmitió a su hijo Pepe, quien ávido de nuevos conocimientos, se marchó a Barcelona con un primo suyo, para después aterrizar en Francia.

En el país galo trabajó durante tres años en los Salones Bermúdez, y allí aprendió lo que más tarde le serviría para destacar en el gremio: el corte a navaja. «Vino a Sevilla durante unas vacaciones y en la ciudad hacían una demostración en público de los cortes de pelo. Él intervino para explicar que esos cortes no estaban bien hechos, y se puso a hacerlos él mismo. Todos se quedaron boquiabiertos y le convencieron para que se quedara en Sevilla, le hicieron varias ofertas y eligió la que ofrecía un puesto en la peluquería Bors», explica su hijo David.

A partir de entonces, su carrera ascendió de forma meteórica, instalando años más tarde, en 1967, su propio negocio en la calle Previsión, en el barrio de la Macarena. A su regreso de Francia, revolucionó el sector en la capital y las barberías comenzaron a denominarse peluquerías. Fue director de la Escuela del Grupo Artístico de Peluqueros de Caballeros de Sevilla, recibió el premio a la cordialidad en 1969 de la Cadena Ser por votación popular y ganó un buen número de campeonatos a nivel Pepe Santa, el peluquero que importó la laca y el corte a navajanacional e internacional, a los que en alguna ocasión acudía con su homólogo en el arte, Manuel Melado. Se dedicó a enseñar esta profesión y ganó fama y renombre más allá de la ciudad.

Una afamada clientela

Su peluquería conserva auténticas reliquias, utensilios que se usaban antaño en esta profesión. David las custodia con sumo cuidado y cariño, al igual que los recortes de prensa y las fotografías que Pepe protagoniza y que mantienen repleta toda una pared. «Mi padre era muy conocido y muy querido. Le hacía favores a toda Sevilla. Era más bueno que «un cacho de pan», nadie puede decir nada malo de él», apunta. Entre su clientela, además de los vecinos del barrio, destacan también políticos, artistas, toreros y futbolistas.

Su bondad la llevaba implícita en su apellido. «Porque sobre todo hay que ser buena persona para ejercer este oficio y, además, un poco psicólogo», decía. Sevillista «a más no poder», cortaba también con orgullo el pelo a jugadores del Betis. Por eso, porque Pepe Santa era una persona afable y cordial, un maestro de peluqueros que ahora descansa para siempre en su Villanueva del Río y Minas natal, aunque el estilo de sus tijeras y navajas aún pervive en la calle Previsión.