Envuelto por antiguas fotografías y frente al arco de la Macarena, se erige desde el año 1927 uno de los establecimientos más emblemáticos del barrio: Kiosco de Calentitos Macarena. Cuatro generaciones de la familia Alfonso han abastecido de «calentitos de papas o de rueda» durante estos 86 años a miles de vecinos y turistas. Una saga que ahora representa Bruno Alfonso. Su bisabuelo emprendió este negocio «octogenario» casi en el mismo emplazamiento, a tan sólo unos metros de su actual ubicación, pero con una estructura diferente, hecha «de material». «Cerca del cerramiento del parque estaba el antiguo kioscoEl kiosco de calentitos Macarena lleva más de 80 años funcionando, pero en el año 2003 se trasladó a este punto», explica.

En uno de los laterales del Kiosco, convertidos ya en un auténtico museo fotográfico, se puede apreciar la originaria fisionomía y los instrumentos empleados antaño para la elaboración de los calentitos. «La maquinaria es la misma y la base del producto también. Mi abuelo inventó esta máquina, ya que anteriormente se hacía de forma manual, y antes incluso se realizaban con un molde. De hecho, en algunas localidades son conocidos como «jeringos» porque se hacían con un aparato parecido a una jeringa», aclara Bruno Alfonso.

La receta de estos exitosos calentitos permence impertérrita durante las más de ocho décadas que han pasado. «Harina, sal, agua, bicarbonato y levadura, aunque la masa de los calentitos de papas es diferente y se puede hacer con tiempo, pero para los otros hay que amasar sobre la marcha. Los de papas suelen gustar más a los niños y los de rueda a los mayores», declara Alfonso. Ingredientes básicos y sencillos con un resultado excelente para el paladar, y que también se puede acompañar con un exEl Kiosco de Calentitos Macarena lleva más de 80 años funcionandoquisito chocolate.

Pero a pesar de la experiencia y tras muchos años regentando el negocio, el propietario reconoce que «no sólo hay que saber amasar, sino también freír. Hay que tener en cuenta la temperatura del aceite, ver que sube, el tiempo, la cáscara, y no todos los días se amasa igual, ni la harina viene en las mismas condiciones siempre. Después de años, se pueden cometer errores. Esto es una profesión y también hay que saber», detalla. Por aquí pasan cada día cientos de asiduos y turistas que no dudan en inmortalizar mediante instantáneas el famoso Kiosco. «Debe haber fotos hasta en Japón», declara sonriente y satisfecho Alfonso. Y es que su ubicación es inmejorable. Frente al arco y a la Basílica de la Macarena, el Viernes Santo es uno de los días que más afluencia de clientes concentra. Sin duda, Bruno Alfonso afirma que la primavera es la mejor época y además, «este lugar es paso obligado del turismo».

No obstante, estar al frente de una de las calenterías más antiguas de la ciudad es «un orgullo pero a su vez una responsabilidad. Mantener el nivel, ahí está lo complicado. Y también se nota la crisis, porque no es un producto de primera necesidad, y lo primero que recorta la gente son los caprichos». Aún así, el Kiosco de Calentitos Macarena se ha hecho fuerte y se mantiene en pie tras más de 80 años de historia. Y para muchos, se ha convertido en un «templo» de calentitos «octogenarios» al que acudir en pleno barrio de La Macarena.