Al-Mutamid, el primer vecino de Nervión y el último rey de la dinastía abaddi en Sevilla. Dos hitos que marcaron el siglo XI en la capital hispalense. Más allá de estas dos claves, Al-Mutamid fue el poeta, el rey que se enamoró de una esclava y la convirtió en reina, el soberano al que no le gustaba luchar, el que amaba la literatura, la música y todo lo relacionado con el arte.

El destino lo hizo rey, no fue el primogénito de la familia, no estaba escrito en un principio que llegara al máximo poder, pero la ira se adueñó de su padre cuando se enteró que su primer hijo le había traicionado y mandó a que lo ejecutaran, fue en ese momento cuando Al-Mutamid fue coronado.

Lo que no fue casualidad es que colocara a Sevilla, durante su reinado, en la capital cultural del mundo. Amaba Ishbiliya, la Sevilla musulmana de aquellos tiempos, de una manera especial. Su ser impregnado de poesía hizo la vida más agradable a todo aquel que le rodeaba, quizás por eso la capital, con él al frente, vivió una de sus épocas doradas. Ensanchó el territorio hasta ocupar un tercio del país, estableciendo el estado más poderoso de Al-Andalus.

Todas estas gestas y vivencias las desarrolló desde un «rinconcito» de Nervión. Un lugar que antaño se encontraba situado a las afueras de Ishbiliya. Donde había una laguna que los árabes denominaban «albuhayra». En este espacio se asentó Al-Mutamid, lejos de su corte, y levantó a las orillas de esta laguna el Palacio de la Buhaira del que hoy se conservan algunos restos como el pabellón nazarí llamado Santa María de los Ángeles, la alberca, la puerta de San Agustín, la calle Nueva, la portada de las Almenas y la de Tejaroz.

Al-Mutamid murió en el año 1090, con la pena, según cuenta la leyenda, de no hacerlo en su querida Sevilla. Dos años antes de su muerte, el rey poeta se personó en Marrakech para pedir a Yusuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en Al-Ándalus, que se encontraba asediada por las tropas de Alfonso VI. Fue entonces cuando los almorávides lucharon por el terreno, pero no sólo combatieron a los cristianos, sino que reconquistaron los reinos de taifas, acabando con el reinado de Al-Mutamid, que fue desterrado a África, donde falleció en Agmat (Marruecos).