«Villa Guadalupe» podría pasar desapercibida entre la multitud de grandes villas que alberga Nervión. Sin embargo, una placa de mármol en una de sus fachadas laterales recuerda para siempre su rasgo más famoso. En ella vivió y escribió uno de los mejores poetas de la literatura española, Jorge Guillén.

A mediados de diciembre de 1927, varios poetas jóvenes fueron invitados por el Ateneo de Sevilla a la conmemoración de la muerte de Góngora. Rafael Alberti, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Jorge Guillén y Dámaso Alonso, entre otros, no solo estrecharon lazos entre ellos en dichas jornadas, sino que también lo hicieron con la ciudad. Desde aquel momento, Sevilla quedaría irremediablemente unida a la generación más famosa de la poesía, la del 27.

El vallisoletano Jorge Guillén quedó cautivado por la cultura hispalense. Le influyó tanto que, años después, decide instalarse en la capital andaluza por una temporada. El poeta regresa a Sevilla en octubre de 1930 procedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Murcia. Lo hace en sustitución de su amigo Pedro Salinas, que se marchaba de la ciudad en la que había tejido numerosas redes sociales e intelectuales.

Catedrático de la Hispalense

Guillén estuvo en Sevilla hasta 1938 como catedrático de Lengua y Literatura Española de la Universidad Hispalense. En aquel tiempo, se dedicó a cultivar la poesíathumb_IMG_0331_1024 y a fomentar la cultura local.  El poeta, junto con su esposa y sus hijos, se instaló en «Villa Guadalupe», en la calle Cardenal Lluch, en el Distrito de Nervión. Por aquella época, la barriada no se asemeja mucho a la que conocemos ahora, sino que se trata de un lugar retirado, aún sin pavimentar y colindante con las huertas y los campos de labranza que aún existían a las afueras de Sevilla. Sin embargo, eso fue lo que animó a Guillén a instalarse en la vivienda, propiedad de su amigo Miguel Romero Martinez, famoso en los círculos culturales de la ciudad.

Actualmente, el hogar nervionense de Jorge Guillén corona una de sus dos fachadas con una placa en la que el Ayuntamiento de Sevilla homenajea al poeta aprovechando el primer centenario de su nacimiento.

Según los expertos en su obra, entre los que se encuentra el profesor Miguel Cruz, la producción del poeta castellano en aquellos años fue muy prolífica. Publicó en varias revistas hispalenses, y muchos de los poemas que Guillén incorporó a la segunda edición de «Cántico» están escritos en Sevilla. En ellos se vislumbra la influencia de la ciudad, su luz y su particular aroma. En «Jardín que fue de Don Pedro», dedicado a los jardines del Real Alcázar, escribe los siguientes versos: «El naranjo y el jazmín/Con el agua y con el muro/Funden lo vivo y lo puro/Las salas de este jardín».

En 1938, Jorge Guillén abandona el barrio de Nervión en dirección al exilio. Su destino es Estados Unidos, donde permanece impartiendo clase hasta el fin de su carrera. Mientras, un jazmín bordea el muro de «Villa Guadalupe» y evoca sus poemas más luminosos.