Se acercan los días por excelencia de las estaciones de transporte. El cambio de julio a agosto implica incontables desplazamientos entre la capital hispalense y los lugares de descanso, costeros o de interior, y un clásico es tomar los servicios de la Estación del Prado de San Sebastián. Aunque para clásico, por el aumento exponencial de la demanda, las largas colas para comprar el billete.

Le proponemos un cultural pasatiempo mientras la fila avanza. Y es que en el mismo vestíbulo en el que usted se encuentra lucen ocho obras de gran formato y de gran valía.

Se trata de la serie de murales creada ex profeso para la inauguración del espacio público, en 1941, por el pintor Juan Miguel Sánchez, tal y como recoge el último de ellos, o el primero que se observa desde la derecha.

Detalle del grueso trazo / Fran Piñero

Detalle del grueso trazo / Fran Piñero

Aunque pueda parecer que cuentan con un trazo distraído, y por ende una dudosa calidad técnica, el conjunto en cuestión es especialmente interesante por suponer uno de los contados ejemplos de arte fauvista en la ciudad. Y de contemplación gratuita.

Sobre todo por el colorido, base de esta vanguardia artística de principios de siglo XX, y de recorrido tan corto (1905-1910) como fuerte fue el convencimiento de sus ideólogos, entre ellos el francés Henri Matisse (siguió pintando en dicho movimiento hasta su muerte).

Eso sí, la saturación cromática habitual en la citada corriente aquí queda algo atenuada. De hecho, es curiosa la mezcla que hace Sánchez, al usar este estilo con escenas costumbristas (el fauvismo versa más en naturalezas muertas y paisajes), pues el leitmotiv de los murales es el transporte.

Costumbrismo viajero

Mientras en uno de los cuadros se aprecia como una mujer, acompañada siempre por un caballero, se despide de una «veloz» diligencia (disposición que repetiría en una acuarela, género que también trabajó el que llegara a ser catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes), en otro somos testigos de una escena similar pero con una barca, y un velero al fondo. De nuevo es la mujer la que dice adiós y el señor, esta vez con sombrero de copa, el que atiende.

Costa, campo, pueblos de montaña, poblaciones con río… síntesis pictórica de los destinos que podrá «abrazar» el viajero una vez culmine la espera, al conectar la estación con Cádiz, Málaga, Granada, Almería, Córdoba… incluso Barcelona o Murcia.

Juan Miguel Sánchez creó paisajes panorámicos fragmentados entre las distintas partes / Fran Piñero

Juan Miguel Sánchez creó paisajes panorámicos fragmentados entre las distintas partes / Fran Piñero

Así, los ocho murales sorprenden, en palabras del experto Antonio de la Banda y Vargas, «por la modernidad de sus formas, que hacen gala de un bien entendido constructivismo al modo de Vázquez Díaz, con delicado lenguaje expresivo, gran facilidad para las combinaciones tonales, espontaneidad y a la vez corrección dibujística así como capacidad de inventiva a la hora de crear ambientes y situaciones».

Prolífico autor

Cartel de J.M. Sánchez

Cartel de J.M. Sánchez

No muy lejos de la estación, precisamente, entre Juan de Mata Carriazo y Jazmineras, se encuentra la calle con la que Sevilla rindió homenaje a un pintor que, si bien era natural de El Puerto de Santa María, se formó en la capital hispalense con los conocimientos de Virgilio Mattoni, y dedicó buena parte de su obra a temas sevillanos.

Destaca sobre todos ellos, por su originalidad y exotismo, el diseño del palio y el manto de la Virgen de los Ángeles, de la Hermandad de Los Negritos.

Aunque es sólo un ejemplo de una larga lista que integran formatos variados como la cartelería (Fiestas de primavera, en 1929, y Semana Santa, en 1930 y 1948), la pintura, para la iglesia de San Luis de Los Franceses y la parroquia de Santa Teresa en la Plaza de las Moradas, así como los murales decorativos (ya extintos) del edificio de Radio Nacional de España en Sevilla, o la decoración, así en genérico, y en estilo Art déco, del Bar Laredo antes de su remodelación.

La cola avanza. El ticket está más cerca, pero también los grandes frescos de Juan Miguel Sánchez. Últimos momentos de reparar en los detalles de la obra de un gran maestro al alcance del ciudadano más viajero.