De ser uno de los barrios más castizos de Sevilla a pasar a ser un barrio dormitorio, ese es el enorme giro que ha dado San Bernardo en los últimos 60 años. La realidad de hoy día de este arrabal dista mucho de la situación de antaño. Muchos de sus antiguos vecinos que ya peinan canas, jamás habrían imaginado que el sitio que vio nacer a sus hijos tendría este desenlace. Un final ni mejor ni peor, pero si diferente para aquellos que pensaron que pasarían allí el resto de sus vidas.

La historia de miles de vecinos ha pasado por delante de los ojos de San Bernardo. No es una confusión lo de miles de vecinos, porque aunque últimamente este barrio torero no se caracterice por su cuantiosa población, esto no fue siempre así. San Bernardo era uno de los territorios más poblados de Sevilla en la primera mitad de siglo XX. En estos años vivió el arrabal su momento más álgido, superando en 60.000 el número de habitantes.

Si el proceso de decadencia del barrio se representara en un gráfico, la línea indicativa caería en picado. De 60.000 vecinos que había en 1950 pasaron a 913 en el año 1986. Según cuentan, fueron muchas las causas que provocaron este declive. Esta barriada obrera de Sevilla vio como con el paso del tiempo sus viviendas se iban deteriorando, cada vez tenían peor aspecto y en los alrededores de la ciudad se construían en esa época casas con más prestaciones y con precios muy asequible, por lo que muchos vecinos decidieron emigrar a zonas como el Cerro del Águila o el Polígono de San Pablo.

Este éxodo fue también inducido por la gran inundación de 1961, sumado a su vez al aislamiento de la zona a causa de la red ferroviaria -eliminada a finales de los años ochenta- dejando atrás un barrio de San Bernardo completamente abandonado. Un lugar muy popular de la ciudad que quedó a merced de los okupas. Fue el período más crítico de su existencia.

Fue a partir de los 90 cuando San Bernardo empezó de nuevo a recuperar su esplendor, un brillo en el que no se verían reflejados sus antiguos vecinos, pero que si aportaba belleza a la zona. Se construyeron bonitos edificios, casas de lujo y los alrededores se llenaron de oficinas. Muchas parejas de jóvenes trabajadores residen ahora allí, por eso algunos de esos ancianos a los que el «desastre» no asustó y que siguen inamovibles en San Bernardo dicen que ahora viven en un barrio dormitorio.

Ahora ya nadie se sabe el nombre de su vecino, no se comparten tardes en el corral, todo ha cambiado en San Bernardo. Todo se ha vuelto muy impersonal, pero una vez al año se produce el milagro, todo vuelve a su ser. El Miércoles Santo todos y cada uno de los «emigrantes» vuelven a su portal para reunirse con sus antiguos amigos y ver pasar por sus calles a su hermandad de San Bernardo.