Año tras año, y así hasta 60, la mercería Salas de la calle Alejandro Collantes, en el distrito de Nervión, ha ido evolucionando con los tiempos, adaptándose a la clientela. Allá por el año 1953, el padre de Juan Salas, actual propietario del comercio, abrió lo que por aquel entonces se llamaba una quincalla. «Una quincalla era un sitio en el que se vendía de todo, lo mismo despachabas un taco de jabón verde, que unos calcetines, un juguete o un búcaro», así define Juan los inicios de la tienda que ahora regenta.

Este negocio familiar siempre ha sido un referente en el barrio, tanto Juan, que empezó a trabajar con tan sólo 13 años, como su padre han estado siempre dispuestos a atender al público a cualquier hora, además de darle todo tipo de facilidades de pago. Cuenta Salas, que sus padres le sacaron del colegio para trabajar «estudié hasta obtener el graduado escolar con una profesora por las noches en mi casa, porque durante el día tenía que trabajar», ha confesado el heredero de este legendario negocio.

A su padre lo conocían por Juan «el ditero». «Vendíamos a dita y yo era el encargado de ir cobrando por las casas, me llama la atención porque cuando le cuento a mis hijos que nosotros eramos diteros no saben lo que es, los tiempos han cambiado mucho», ha reconocido con cierta nostalgia. A sus 62 años, Juan ha visto pasar por su tienda a tres generaciones, pero indica que los grandes comercios han hecho «mucho daño »a los comerciantes de toda la vida. Por eso, este tendero se especializó, hace 20 años, en hacer capirotes y la Semana Santa es la época en la que más trabajo tiene. Los hace de cartón y de rejilla, acepta todo tipos de encargos, de todas las medida, de cualquier punto de la ciudad y hasta el último día, puesto que dice que «la cosa está muy mala y hay que aprovechar todo lo que podamos».

Esta Semana Santa ha realizado más de 200 capirotes, a pesar de parecer un buen número, Salas asegura que no es así. «Las ventas han caído mucho por dos motivos, en primer lugar por la crisis y en segundo porque lleva dos años lloviendo y los nazarenos tienen los capirotes nuevos por no haberlos usado». Como hermano de San Benito, tras quedarse en el templo el Martes Santo, desea que las hermandades que quedan por salir puedan hacer su estación de penitencia y no mirando por el negocio, sino como sevillano, cofrade y por tradición.