«Sana sana culito de rana, sino encuentro trabajo hoy lo buscaré mañana» esto es lo que pensó Eduardo Carnerero cuando se quedó sin trabajo. Este farmacéutico de profesión se vio obligado a reciclarse en el momento que lo despidieron del laboratorio farmacéutico en el que trabajaba. Siempre había tenido el sueño de montar un restaurante, por lo que unió sus dos pasiones ,la medicina y la cocina y de ahí nació su curioso bar: Sana sana.

Hace un año que a Eduardo le comunicaron su baja en la empresa, tras un mes «paseando al perro» como él dice, decidió que tenía que buscar una solución a esta incómoda situación. Tras uno meses de reflexión decidió cumplir su sueño y «se tiró a la piscina». «Pensé, es como si me compro un coche de alta gama y me lo roban, habré hecho una gran inversión pero si me sale bien al menos lo habré disfrutado». Este fue su pensamiento ante el estado de pánico que sentía al aventurarse en esta nueva andadura.

Pero el ingenio y la originalidad le acompañaron en este camino y ha hecho de este nuevo restaurante un punto de encuentro para muchos sevillanos. Declara que desde que abrió las puertas de Sana sana, en octubre, no ha habido un solo día que no haya tenido un lleno absoluto. Obviamente los platos que sirve son un aliciente para todo el que lo visita. Entre las especialidades se encuentra el atún encebollao, las albóndigas de choco y gambas y el solomillo Santa Bárbara.  Pero no sólo encuentras comida en este acogedor local de la calle San Bernardo, número 12. Está todo cuidado al más mínimo detalle. Su pasado en el mundo sanitario trasladado al sector de la hostelería. La libreta para escribir la comanda, un cuaderno de recetas, el laboratorio es la cocina, los servicios la puerta de urgencias, la tarjeta de vista una réplica de la tarjeta sanitaria de la seguridad social.

Eduardo te invita a vivir nuevas experiencia, nunca nadie pensó en servirse una copa de vino de un matraz de Erlenmeyer o tomar una cerveza bien fría en un vaso de precipitados o degustar un chupito en un tubo de ensayo. Nadie había conseguido hacer tan agradable el contenido de estos artículos que tanto reparo dan. Un rincón de San Bernardo en el que hasta el más hipocondríaco se sentirá como en casa.