Frustración, desesperación, angustia… estos son los adjetivos con los que califican los padres una situación muy repetida cuando tienen hijos pequeños, se trata de la rabieta. Estos berrinches fruto del enfado de los niños llega a veces a impacientar a los progenitores que no saben como actuar ante dicho problema.

Por ello, el equipo de Apoyo Psicopedagógico del hospital San Juan de Dios de Nervión organiza mensualmente una Escuela de Padres que pretende asesorar a las familias sobre los comportamientos conflictivos y como actuar en cada momento. La Escuela de Padres es el resultado de un acuerdo de colaboración entre el equipo del hospital y la red de guarderías Bichos, también del barrio de Nerviónque tiene dos vías de asesoramiento: por un lado al profesorado para ayudarle a detectar en clase posibles problemas de comportamiento y por otro, a los padres, a quienes, a través de una reunión mensual se les proporciona estrategias para afrontar comportamientos poco adecuados de sus hijos.

La Escuela de Padres reunió recientemente a más de 40 progenitores interesados en aprender cómo manejar las rabietas de sus pequeños. Según los expertos, las rabietas suelen presentarse al menos una vez por semana en el 80% de los menores y cada día en un 20% de los casos, por lo que advierten que los padres no deben desesperar.

Cómo actuar ante una rabieta

Los especialistas apuntan que saber afrontarlas es fundamental para evitar que este comportamiento inmaduro se perpetúe. Los padres y madres deben mantener la calma y no ceder ante el chantaje emocional de los pequeños. Es fundamental que no respondan con gritos ni perdiendo la paciencia.

En los pequeños entre 0 y 3 años lo normal es que los berrinches aparezcan cuando tienen sueño, hambre o estén enfermo. Estas son las llamadas «rabietas involuntarias», fáciles de atajar. Sin embargo, cuando las rabietas son un medio para conseguir un fin, la manera de resolverlas es a través de la firmeza: el padre o madre debe ser razonable y coherente en las normas; el pequeño debe conocer que existen límites. Por otro lado, no es recomendable realizar promesas que refuercen la rabieta del pequeño, ya que en cierto modo interpretará que el progenitor está cediendo.