Josefina Medina Cala es natural de Morón y lleva media vida dedicada a las labores de sacristana en la parroquia de San Bernardo. A sus 72 años ha sido condecorada por el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, con la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice como reconocimiento y agradecimiento a su entrega y fiel amor a la iglesia.

Hace 35 años las circunstancias de la vida llevaron a Josefina a emprender una nueva andadura en este oficio. Al fallecer su marido, que era sacristán, maestro y organista de la escuela parroquial de San Bernardo, Don José, un párroco muy conocido por todos los vecinos del barrio, le ofreció la posibilidad de ocupar el puesto de su esposo. Josefina se lo pensó, «pero decidí probar y me gustó».

Según cuenta todo fue fruto de la casualidad, pero una vez más en esta historia se confirma que las casualidades no existen. Josefina era una gran conocedora de este tema porque las tres generaciones que la preceden se dedicaban a esta tarea. Para ella no fue difícil desempeñar las funciones propias de un sacristán. «Preparar el altar, almidonar paños, corporales y palias lo había visto desde que era pequeña» afirma Josefina.

En un rato con ella es fácil descubrir que es una persona a la que no le gusta llamar la atención. Pero por suerte, está presente su hijo Rafael, quien nos desvela que la insignia que le han concedido a esta «sacristana» es el reconocimiento más importante que hace la Iglesia. Rafael afirma que, «tanto la parroquia como sus hijos estamos muy orgullosos de que le hayan hecho esta concesión ya que muy poca gente en Sevilla tiene este distintivo».

La amistad y el cariño que le unía a Don José le hacia pensar que cuando este se jubilara ella también lo haría. «Después de que Don José falleciera, he ejercido con Don Adolfo y con Don Mario». «Fue complicado desvincularse de la iglesia» puesto que afirma que la parroquia ha sido como un hogar para ella, «no lo he dejado por otra cosa, sino porque ya la edad me pesaba». Ya hace un año que no ejerce, pero en su memoria siempre quedará que el Papa gratificó su labor.