Manolo Ramírez no nació en el barrio de San Bernardo, sí muy cerca, en El Prado. Han sido tantas horas las que se ha pasado jugando entre la antigua Fábrica de Artillería y la Iglesia de San Bernardo que siente que sus raíces están allí.

Si una palabra define a este personaje es polifacético, estudió Historia del Arte, ha trabajado vendiendo pisos, como visitador médico, es un gran aficionado a la fotografía y gran cofrade, incluso ha sido tabernero, así cumplió uno de sus sueños, que era montar una taberna en el barrio de su corazón, San Bernardo.

Casa Ramírez le dio la oportunidad de acercarse, más si cabe, al barrio de los toreros, como se le conoce también a San Bernardo. Desde 2006 hasta 2011, este bar fue punto de encuentro para muchos personajes de Sevilla. Allí, tal y como cuenta Manolo, la gente se sentía como en casa, era un bar muy familiar.

Pollo frito al ajillo, croquetas de cola de toro, albóndigas de choco y gambas, entre otros platos, completaban una carta donde la principal recomendación era echar un rato agradable y unas buenas risas. Pero la excusa perfecta para la reunión en Casa Ramírez era disfrutar de las gachas de su madre. Manolo no quiere seguir hablando de él, quiere dar paso al barrio que lo vio crecer.

Según nos cuenta: «El día que el barrio es barrio es el Miércoles Santo». La considera la fecha más emblemática del año para las familias de San Bernardo, un día en el que todo se pinta de morado y los vecinos que ya se fueron a otros lugares de la ciudad vuelven a reunirse una ocasión más por sus calles, en el mismo sitio de siempre.

«Me encanta el olor a puchero que ese día se respira en las calles, ese olor antaño, cuando el barrio se vestía de gala». Manolo destaca que si para todos los sevillanos lo normal es estrenar el Domingo de Ramos, como dice el refrán: el Domingo de Ramos el que no estrena algo le cortan las manos, los vecinos de San Bernardo trasladan el dicho popular a este día, que marca el final de la Cuaresma y el comienzo de la Pascua, «el gran día del año».

Manolo Ramírez ya no regenta Casa Ramírez, actualmente se dedica a la gestión y promoción turística, pero su afición por la fotografía persiste y eso le mantiene la ilusión de plasmar las callejuelas de su barrio a través del objetivo.