El 17 de enero de 2014 quedará grabado en la historia del instituto Beatriz de Suabia para el resto de los días. Una jornada emotiva, conmovedora y divertida, pero a la vez teñida de tristeza y añoranza. El año comenzaba con la despedida al «profesor más querido del mundo».

El protagonista de esta historia es Salvador García Narváez, un profesor de francés que ha dejado una huella imborrable en todos aquellos alumnos y compañeros que tuvieron la suerte de compartir las aulas con él. Tras 16 años de dedicación plena a la enseñanza en el instituto Beatriz de Suabia, este docente se jubiló el pasado mes de enero con un caluroso adiós por parte de todos aquellos que no olvidarán su paso por el centro.

Sus alumnos, que no son poco, según cuenta Salvador ha impartido clases a toda la escuela, se deshacen en palabras al hablar de él, «más que un profesor ha sido un amigo», «nunca olvidaremos su simpatía y su buen humor», «siempre vamos a tener un trocito de nuestro corazón reservado para Salvador», estas son algunas de las dedicatorias de sus discípulos.

El día de la despedida

Ataviado con un sombrero y una banda con la bandera de Francia en la que rezaba «me jubilo» se paseó por los pasillos del instituto al abrigo de más de 1.000 alumnos coreando su nombre y al son de la música del Cuarteto Maravilla, que amenizó esta despedida a ritmo de bombo y platillo.

«Tú adiós en el instituto no será un adiós cualquiera, será a bombo y platillo», esto es lo que le decían su mujer y sus dos hijos lo días previos a su jubilación. Además sus hijos, que viven fuera de Sevilla, se presentaron en la capital hispalense el día antes de la despedida y le dijeron: «siempre has sido tu el que has venido a la escuela a recogernos, mañana seremos nosotros los que iremos por ti». García dice que cuando escuchó estas frases imaginó que le tendrían preparado algo especial, pero «nunca pensé en algo tan increíble», relata emocionado. «Fue uno de los días más especiales de mi vida y nunca lo olvidaré», añade.

Piensa que lo que le ha hecho ser tan especial y tan querido entre los alumnos es que por encima de la educación siempre ha puesto a las personas, «ante todo, mi alumnos son personas y como tal tienen problemas, si en alguna ocasión ha hecho falta parar una clase para solucionarlos lo he hecho y ellos se han mostrado siempre muy sorprendidos con esta actitud, imagino que eso tendrá algo que ver en el cariño que me tienen», confiesa el profesor.

Ahora, casi un mes después de la jubilación, echa de menos su día a día en el instituto, mira el reloj con añoranza y ve como las horas pasan imaginándose impartiendo clases a sus queridos alumnos. Pero esa nostalgia se convierte en regocijo cuando cada fin de semana vuelve al Club de Montañeros del Beatriz de Suabia para compartir de nuevo un rato con aquellos que le han hecho tan feliz. La historia de este profesor se sigue escribiendo gracias a estas reuniones semanales, en su carrera no hay un punto y aparte, sólo y punto y seguido.