En muy poco tiempo se puede repartir mucha felicidad, a S.O.S Ayudas sin fronteras tan sólo le han hecho falta siete días para sacarle una sonrisa a los niños de más de 40 aldeas de Marruecos. Como si de los Reyes Magos se tratase, los voluntarios de esta ONG han ido repartiendo ilusión por cada rincón de este país africano. Los presentes han sido material escolar y ropa, lo que para cualquier pequeño puede resultar algo cotidiano para un niño marroquí es algo totalmente novedoso. 

Siete días, nueve todoterrenos, dos camiones, 30 voluntarios, 2.200 kilómetros y más de 1.200 kilos de material escolar para donar en las zonas más desfavorecidas del Reino Alauí. Cuenta Javier Rivas, presidente de S.O.S Ayudas sin fronteras, que han pasado frío y que han tenido algún inconveniente que otro con los coches, pero que ha merecido la pena. «La verdadera ilusión es la que transmiten los pequeños al ver que los regalos son para ellos, se les ve un brillo especial en los ojos, al igual que la de cualquier niño español en el día de Reyes, pero la de ellos es todavía más sincera porque nunca reciben nada».

«Ofrecer un simple lápiz de color, un cuaderno o una tiza nos sirve para comprender lo afortunados que somos de tener esto al alcance de la mano», comenta Javier. En los colegios de las aldeas de Marruecos los escolares no usan ni lápices, ni folios «a cada alumno se le asigna una pizarra y una tiza para que trabajen las lecciones, mucha suerte tienen si los padres los escolarizan y no los ponen a trabajar» aclara Rivas, por lo que para ellos estos materiales son «un artículo de lujo». 

Aunque la misión principal de esta organización era ayudar a lo menores, no han podido resistirse a colaborar económicamente con los mayores. «Los últimos días estuvimos en uno de los lugares más pobres del país, las familias estaban muy necesitadas, al verlo, la respuesta por parte de los voluntarios fue unánime, todos se llevaron la mano al bolsillo para aportar lo que buenamente podían, y casi sin hacer una propuestas de recolecta recaudamos una importante cantidad de dinero para dejarla en la comunidad», revela el presidente.

Han pasado sólo tres días desde que volvieron, pero cuenta Javier que desde el sábado no paran de llegarle mensajes de los voluntarios de agradeciéndole la experiencia. «Muchos han llorado al ver la miseria en la que viven allí, lo han pasado mal porque no están acostumbrados, pero hay un sentimiento generalizado que me están trasmitiendo en estos días, y es que el año que viene repiten y que no podían imaginar que se iban a traer más de lo que llevaban».

Este es el sexto año que Ayudas sin fronteras organiza esta caravana solidaria, como ellos la llaman, el camino ha sido largo, pero ya tienen la vista puesta en en la séptima edición.