El parque de Miraflores guarda bajo sus tierras un rico patrimonio que se remonta a la prehistoria. Asentado sobre restos calcolíticos, este terreno situado en la zona norte de Sevilla, ha dado cobijo a romanos, musulmanes y, en la época contemporánea, a jesuitas. En la actualidad, además de una zona de esparcimiento para los vecinos de los distritos colindantes, es una extensión dedicada a difundir la cultura de la huerta, una actividad inherente a estos terrenos desde la antigüedad.

De origen árabe, la fuente de la Albarrana, situada en la finca que le da nombre, es un aljibe-manantial que data del siglo XIII. A través de sus canalizaciones, llevadas a cabo por los jesuitas, proporcionaba agua al Hospital de las Cinco Llagas. La construcción es de ladrillo, de planta rectangular y bóveda de cañón y acceso con portada sobresaliente rematada por frontón.

Torre Mozárabe de MirafloresEn la zona se han encontrado materiales de tallas del Paleolítico y un poblado del Calcolítico. Esta fuente histórica está situada junto a la única laguna natural en suelo urbano de Sevilla. Precisamente el agua ha sido uno de los elementos que toman importancia en el parque de Miraflores.

El origen del nombre de esta zona verde sevillana obedece a un arroyo, el de Miraflores, denominado Tagarete en su discurrir cercano a Sevilla. En la actualidad, el parque de Miraflores acoge el único cauce visible de este afluente del Guadalquivir. De hecho, se puede transitar sobre el arroyo gracias a un puente de triple arquería que data del sigulo XVII. El resto del riachuelo está entubado en el subsuelo sevillano desde 1849 en previsión de posibles inundaciones y enfermedades en el casco histórico de la ciudad.

En torno al agua, el parque de Miraflores cuenta con un complejo sistema hidráulico de albercas y pozos norias que data de los siglos XVI y XVII y un aljibe-manantial que surtía de agua al Hospital de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía.

Dentro de este nucleo histórico, asentado sobre un yacimiento prehistórico, se levanta un imponente molino, el único de titularidad municipal que queda en Sevilla. La fecha de construcción data entre los años 1689 y 1714, «cuando Miraflores era propiedad de la Compañía de Jesús. Los jesuitas utilizaron la finca como explotación agrícola para conseguir fondos para sus actividades, principalmente para enviar misioneros al Nuevo Mundo», detalla el presidente de la Asociación Comité Parque Educativo Miraflores, Manuel Lara.

Molino jesuita de MirafloresAdemás, «el molino no es un todo aislado, forma parte de un conjunto en el que se encuentra un edificio mudéjar, único en el Distrito Norte junto con el Hospital de San Lázaro», destaca Lara. «Dicho edificio, contiguo al molino de aceite, fue levantado por Per Afán de Ribera», añade el representante de los hortelanos. Estos edificios, catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC) también «constituyen un punto de interés cultural dado que en ellos confluyen estilos arquitectónicos como el mudéjar, el renacentista y el barroco», descubre Lara.

El terremoto de Lisboa, que alcanzó a Sevilla el 1 de noviembre de 1755, causó efectos devastadores en la hacienda de Miraflores, que obligó a los jesuitas a reconstruir el molino. «Cuando ya estaba finalizada la obra, otra desgracia cayó sobre los propietarios ya que en 1767 Carlos III ordena la expulsión de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes», detalla Lara. «Pero la ruina para el molino llegó con la industrialización, que hizo poco rentable el mantenimiento del espacio», explica el hortelano.

La fuente de la Albarrana, el arroyo Tagarete, la noria romana, la torre mozárabe y el molino jesuita suponen cinco puntos de obligada visita en el parque de Miraflores.