El norte de Sevilla atesora un rico patrimonio que se remonta a la época romana. En la actualidad, varios monumentos se conservan en esta zona de la ciudad, puerta de entrada por el camino real que unía la metrópolis hispalense con Córdoba. El hospital de San Lázaro, el monasterio de San Jerónimo, el cementerio de San Fernando y el humilladero de San Onofre suponen un catálogo artístico de notable potencial.

Hospital de San LázaroUn buen comienzo para esta la ruta es el cementerio de San Fernando, por accesibilidad, la mejor opción ya que existen autobuses interurbanos que conectan el camposanto con el centro de Sevilla. La línea 10 une la plaza Ponce de León con el hospital e iglesia de San Lázaro, primer hito donde hacer un alto.

Fundado en el siglo XIII por Fernando III y, posteriormente puesto en funcionamiento su hijo Alfonso X, el hospital más antiguo de Sevilla. Es curiosa la ubicación del hospital, a las afueras. El motivo de tal emplazamiento se debe a que estaba destinado para los leprosos, una enfermedad muy contagiosa. El templo es de una sola nave, de coro alto y ábside poligonal cubierta con bóveda esquinada. Las almenas colocadas sobre el portal de San Lázaro son de estilo isabelino. En el año de 1751 un terremoto destruyo una gran parte del conjunto.

De ahí se puede ir a pie -apenas a 100 metros de distancia- hasta el cementerio de San Fernando, que se inauguró el 1 de enero de 1853. Está formado por vías principales donde se encuentran las tumbas, mausoleos o monumentos funerarios de toreros, cantaores y cantaoras, así como otras de interés que son exponente del barroquismo y la espectacularidad que pueblan las costumbres de Sevilla, como la Semana Santa.

Tumba de JoselitoEntre las obras de arte más destacadas del camposanto se encuentran el panteón de Joselito «el Gallo», obra del escultor Mariano Benlliure realizada en bronce y mármol y que representa una escena del sepelio del torero, o el Cristo Crucificado de las Mieles, escultura de Antonio Susillo. Los toreros Ignacio Sánchez Mejías, Francisco Rivera «Paquirri», Juan Belmonte, Joselito o Gitanillo de Triana comparten descanso en este espacio de más de 278.483 metros cuadrados. Todo el recinto está ajardinado mediante alineaciones de cipreses, el árbol fúnebre por excelencia.

La siguiente parada en esta ruta cultural por San Jerónimo es precisamente en el monasterio que le da nombre a este barrio de la zona norte de la ciudad. Apenas 15 minutos andando -1.200 metros- separan la puerta principal del cementerio de San Fernando con este monumental edifico gótico levantado por Fray Diego de Sevilla y que está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).

Monasterio de San JerónimoDesde el año 1575 fue uno de los conventos donde se imprimieron las bulas de la Santa Cruzada a Indias, una autorización para la conquista de América que se vendía por las calles. Sufrió graves daños durante la Guerra de la Independencia Española y fue desamortizado en 1834. Fue declarado en 1964 monumento histórico-artístico, conservándose parte del claustro principal y otras ruinas.

Por último, a unos 20 minutos a pie -1.600 metros- en dirección norte, se encuentra el humilladero de San Onofre, también conocido como el «Santo Negro» por la coloración protectora de la pintura. Levantado durante el reinado de los Reyes Católicos, dentro del estilo gótico-mudéjar, todavía imperante en la Andalucía occidental de la época, cuentan las leyendas que fue el lugar donde se detuvo el caballo el rey Fernando III de Castilla antes de su entrada a Sevilla, Isbiliya por aquel entonces. Sobre su ubicación, varios historiadores también mantienen que perteneciese al vía crucis del leprosario del lazareto de San Lázaro, tal como se hacía con el de la Cruz del Campo.

Humilladero de San Onofre

Se trata de un edificio a cuatro aguas con arcos góticos apuntados rematados con puntas de diamantes y un baquetón que los recorre enmarcándolo. En el interior, cuatro semicolumnas adosadas con basa y capitel de mocárabes, donde terminan las nervaduras de un arco de crucería que sostienen un «pinjante de muqarnas» a la manera granadina. Se corona con una doble cruz papal, expresamente traída del chapitel de la torre mirador derruida, del monasterio de San Jerónimo de Buenavista.