Caminan resignados por una destartalada carretera que con sus manos recomponen una y otra vez ante la dejadez de las administraciones. Más allá de los campos de cultivo, de las viviendas que ellos mismos levantaron donde antaño se ubicaba el primitivo aeródromo de Sevilla, el Hernán Cebolla, al que llegaban dirigibles desde Sudamérica. Más allá de la Ronda Supernorte, la frontera imaginaria que los separa del resto de la ciudad. Lejos, desde muy lejos, observan la Torre Pelli, el símbolo de que la capital continúa transformándose, viajando hacia el futuro. Un recorrido hacia lo nuevo donde Aeropuerto Viejo permanece al margen. O así es como lo sienten. «Nos han condenado a vivir en la edad de piedra mientras Sevilla se moderniza», apunta Bernabé, que llegó al barrio hace más de cincuenta años. Sin embargo, esa sosegada monotonía añeja se ha visto enturbiada en los últimos años.

Hasta 2006, esta barriada perteneciente al Distrito Norte presumía, pese a sus problemas de infraestructuras, de ser un lugar tranquilo. Ese año, el Ayuntamiento levantó en la calle Estancos 31 viviendas unifamiliares para realojar a vecinos de Tres Barrios y Polígono Sur. Ese fue el punto y aparte en la historia del barrio. A partir de entonces, cuentan desde la asociación de vecinos Aeropuerto Viejo, la inseguridad, la delincuencia y la compra-venta de droga pasaron a formar parte de sus vidas. «Hay peleas muy violentas en las calles casi a diario y a plena luz; se producen ocupaciones de viviendas de las que estamos cansados de dar parte a la Policía sin que éstos hagan nada. Y por la noche es peor. Pocos se atreven a salir de casa. Continúan las peleas y un vocerío que perturba el descanso de los vecinos. Llegan al barrio coches y motos circulando a gran velocidad. A causa de esto, varios niños y personas mayores han sido atropellados. Nos tememos que algún día ocurra una desgracia», asegura Francisco Calero, presidente de la asociación.

También atribuyen a la llegada de estos nuevos inquilinos el deterioro del poco equipamiento con el que contaban. «El único parque infantil, que no tiene más de cien metros cuadrados, lo utilizan para el botellón y como jaula para perros peligrosos. Está muy sucio, sin árboles y sin niños, porque las madres no se atreven a llevar a sus hijos. Y por otro lado -afirma Antonio Box, tesorero de la asociación-, el campo de fútbol, la única instalación deportiva del barrio, lo usan para hacer carreras de motos, como desguace de coches y, por la noche, para hacer candelas. Al día siguiente encuentras este espacio repleto de cristales y basura». Por todo esto, exigen al Ayuntamiento más presencia policial, incluyendo cada día al barrio en el circuito de los coches patrullas «y no sólo cuando se lleva a cabo alguna redada».

Sobre el asfalto

En las calles de Aeropuerto Viejo se encuentra también uno de los grandes escollos del barrio: el asfalto, gravemente deteriorado en algunas como Ulpiano Blanco e inexistente en otras como Niño Nicasio o Dirigible. Además, la arteria principal, Ulpiano Blanco, y otras aledañas, como la calle Planeador, cuentan con un estrecho carril para ambos sentidos, sin acera y sin apenas iluminación. Junto a éstas existen campos de cultivo que cuando llueve se convierte todo en un barrizal. Precisamente, una de las paradas de la línea C6 de Tussam, que los jóvenes del barrio utilizan a diario para ir al instituto, está localizada en un poste de luz dentro de uno de esos campos. «Un día de lluvia es imposible esperar el autobús, te pones perdida», asevera Ana Cangueiro. Esta vecina de Aeropuerto Viejo señala además que aparcar es una misión imposible. «Simplemente no hay lugar para estacionar. Tenemos una zona en la calle Planeador que se podría utilizar para ello, aliviando el tráfico dentro del barrio, pero de momento no nos han dado solución».

Recuerdan, por otra parte, la caótica salida del barrio por la rotonda de Alcosa. «Está regulada por un stop, y ahí podemos estar hasta diez minutos esperando a que se descongestione el tráfico para poder salir. Se ha pedido un semáforo, pero todavía seguimos esperando». Y sobre el carril bici, cuestionan si el gobierno de la ciudad se planteará, algún año, incluir a Aeropuerto Viejo en la ruta.

Campo a través para una urgencia

La atención médica en Aeropuerto Viejo se realiza en el «consultorio auxiliar» de la calle Fuente Milanos, donde los lunes, martes y jueves asiste un médico de familia y una enfermera durante dos horas. No hay pediatra ni servicio de urgencias, por lo que tienen que cruzar a Valdezorras o Alcosa. «El camino hacia los centros de salud de estos barrios se convierte en una aventura -afirma Ángel Casanova, propietario del único bar de Aeropuerto Viejo-. Hay que atravesar en paralelo al canal uno de los campos de cultivo que en invierno es un fangal. Hace más de veinte años nos prometieron que asfaltarían ese kilómetro que tenemos que recorrer, pero aún estamos a la espera. Si no se dispone de vehículo, es el único acceso a pie hasta Valdezorras. Y si es hacia Alcosa, el camino es por la famosa rotonda que, al no hacer semáforo junto al paso de peatones, ningún conductor lo respeta. Es muy peligroso».

Pese a todo, los casi dos mil vecinos continúan esperanzados. Están convencidos de que dialogando con los responsables de la gestión municipal, a los que invitan a conversar antes de configurar los presupuestos de 2016, conseguirán que Aeropuerto Viejo sea tan nuevo como otros barrios de Sevilla.