Entre recortes de periódicos, releen con pesadumbre las líneas que una mañana de verano replegaron esperanza entre los vecinos de la Bachillera. El 13 de julio de 1975, ABC anunciaba en sus páginas que la entonces Asociación Sevillana de Caridad (hoy fundación municipal) cedería el suelo a los que allí vivían. «Alegría en la Bachillera», titulaba dos días después, recogiendo testimonios que para muchos no fueron más que la viva recreación del cuento de la lechera, sueños y nada más.

Los terrenos de la antigua huerta de la Bachillera, que comprenden 32.000 metros cuadrados de superficie, fueron cedidos a finales de los años 40 por la Asociación Sevillana de Caridad a familias sin recursos para que éstas levantasen sus propias casas -355 en total-. La edificación de la barriada careció de planificación urbanística, de ahí que, con más de 1.500 habitantes, sufra hoy una alta densidad de viviendas y la ausencia de espacios libres y dotaciones. A lo que hay que añadir que el suelo continúa clasificado como una misma parcela, puesto que jamás llegaron a ser escrituradas en favor de sus habitantes.

bachilleraEl anuncio de 1975, por tanto, no fue más que una de tantas promesas que han ido alimentando la ilusión de estos vecinos. Un anhelo que se marchitaba ante la lentitud con la que avanzaban los procesos burocráticos y la dejadez de los gobiernos municipales, incapaces de dar un paso al frente en este caso. «Hace 40 años anunciaron la cesión de la Bachillera y aún estamos esperando», asegura José Antonio González, presidente de la asociación de vecinos Estrella andaluza de la Bachillera.

Más recientemente, en 2010, con Alfonso Rodríguez Gómez de Celis como delegado de Urbanismo, se aprobó la regularización de las fincas y la posterior reurbanización y mejora integral del barrio. «El plan especial y el proyecto de parcelación pondrán fin a años de reivindicación de los vecinos de la Bachillera, ya que permitirá darles la propiedad de sus casas después de medio siglo», recogía el informe emitido el 17 de febrero de dicho año. Posteriormente, el 14 de noviembre de 2014 el Ayuntamiento dio su aprobación al documento provisional del plan especial de reforma interior (PERI).

Pues bien, a día de hoy, el PERI está concluido al 85 por ciento, según afirma José Antonio González, a la espera de que tanto la Gerencia de Urbanismo como la Fundación Sevillana de la Caridad se sienten para concretar qué actuaciones se deben llevar a cabo una vez realizados los informes pertinentes por parte de la Consejería de Fomento y Vivienda y la de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente. «Una negociación que debe ir hacia adelante, sin más demora, con la concesión de las escrituras de nuestras casas. Hay que hacer un recuento de los vecinos que hay, qué casas se tendrían que derribar para dar salidas al barrio en calles que ahora son un embudo y, a consecuencia de esto, cuántos vecinos se tendrían que realojar. Esta situación no se puede dilatar más en el tiempo».

Aguas Santas Benítez, vocal de la asociación vecinal, relata los problemas que encuentran al carecer de un papel que indique que donde viven es de su propiedad.

En el único espacio de recreo había un parque infantil y porterías que han sido desmantelados—R.D.

En el único espacio de recreo había un parque infantil y porterías que han sido desmantelados—R.D.

«Sólo tenemos un contrato de compra-venta y con eso, a la hora de pedir una hipoteca para reformar nuestras viviendas, no sirve para los bancos. De ahí que muchas casas estén apuntaladas y a punto de venirse abajo. Pagamos el IBI, los impuestos, la luz y el agua como cualquier otro vecino de Sevilla, pero se ve que nada de eso es suficiente».

Es la rehabilitación de las viviendas, precisamente, el otro punto negro de la Bachillera. Tras innumerables protestas y manifestaciones ante delegaciones municipales y andaluzas, Junta y Ayuntamiento aprobaron la reforma de 33 viviendas que sufrían graves daños en su estructura. Sin embargo, por la llegada de la crisis económica y la imposibilidad de los vecinos a pedir un préstamo bancario, sólo se llegaron a realizar obras en ocho de ellas. «Hay casas, como el número 23 de la calle Naranjo, que están apuntaladas y siguen habitadas. Cualquier día apareceremos en los informativos no por alegría en la Bachillera, sino por una desgracia». En este sentido, Aguas Santas señala que ella misma tuvo que renunciar a la rehabilitación de su vivienda por no poder sufragar el tanto por ciento que debían asumir los vecinos del costo de la obra. «En el barrio hay un alto índice de paro y si los bancos no te prestan el dinero, pagar 10.000 euros es inviable».

Sin lugar de recreo

La falta de infraestructuras es otra prioridad en el barrio, y ven en la antigua estación de Renfe de San Jerónimo el lugar idóneo para ello. «Es otra de las peticiones históricas del barrio. En ese espacio caben pistas deportivas y zonas recreativas para los jóvenes. Y en el inmueble, cabrían aulas para impartir talleres y cursos para desempleados, incluso módulos para emprendedores, como los que hay en el edificio CREA. Supondría una esperanza para los jóvenes del barrio y de los núcleos de alrededor».

Porque en estos momentos, el único espacio de recreo del que disponen en la Bachillera es un terreno en la calle Eucalipto, de unos 1.500 metros cuadrados. «Era un recinto vallado que disponía de juegos infantiles y unas porterías donde los niños podían jugar al fútbol. Hoy no queda nada de eso. Las vallas se las han llevado, lo que supone un peligro al existir un desnivel. Las porterías las arrancaron y los juegos también. Y tampoco hay un celo excesivo por parte de Parques y Jardines ni de Lipasam por tener este sitio adecentado. Si hay un barrio que en Sevilla está olvidado ese es el nuestro», puntualiza José Antonio.

Aun así, continuarán guardando con mimo esos recortes de periódicos que anunciaban lo que más ansían: vivir en una casa en cuyas escrituras recen sus nombres y apellidos.