De la cultura de la huerta, a la del aceite. La Asociación Comité Parque Educativo Miraflores ya se ha fijado un nuevo objetivo: poner en valor el molino construido por los jesuitas allá por siglo XVII. Exposiciones, congresos, catas y un sinfín de ideas se aturrullan en la cabeza de estos hortelanos que demandan apoyo privado para complementar la apuesta municipal.

El interior del molino de aceitePan, aceite y vino. La historia del parque de Miraflores se podría definir siguiendo como esquema la tríada mediterránea. En sus hectáreas de terrenos cultivables, que en su día fueron mas huertas de La Macarena, se extraen los ingredientes básicos de esta dieta, ahora distinguida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, desde la época romana.

Dentro de este nucleo histórico, asentado sobre un yacimiento prehistórico, se levanta un imponente molino, el único de titularidad municipal que queda en Sevilla. La fecha de construcción data de los años 1689 y 1714, «cuando Miraflores era propiedad de la Compañía de Jesús. Los jesuitas utilizaron la finca como explotación agrícola para conseguir fondos para sus actividades, principalmente para enviar misioneros al nuevo mundo», detalla el presidente de la Asociación Comité Parque Educativo Miraflores, Manuel Lara.

Recientemente, la Asociación Comité Parque Educativo Miraflores ha firmado un convenio con el Ayuntamiento de Sevilla para, junto con la Escuela Taller, recuperar el trujal, el espacio en el que se molían las aceitunas. «Creemos que el molino podría acoger actividades de empresas del sector olivarero y, de esta forma, recuperar su esplendor», reclama Lara.

Bien de Interés Cultural

Además, «el molino no es un todo aislado, forma parte de un conjunto en el que se encuentra un edificio mudéjar, único en el Distrito Norte junto con el Hospital de San Lázaro», destaca Lara. «Dicho edificio, contiguo al molino de aceite, fue levantado por Per Afán de Ribera», añade el representante de los hortelanos. Estos edificios, catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC) también «constituyen un punto de interés cultural dado que en ellos confluyen estilos arquitectónicos como el mudéjar, el renacentista y el barroco», descubre Lara.

Manuel Lara muestra el molinoEl terremoto de Lisboa, que alcanzó a Sevilla el 1 de noviembre de 1755, causó efectos devastadores en la hacienda de Miraflores, que obligó a los jesuitas a reconstruir el molino. «Cuando ya estaba finalizada la obra, otra desgracia cayó sobre los propietarios ya que en 1767 Carlos III ordena la expulsión de la Compañía de Jesús y la expropiación de sus bienes», detalla Lara. «Pero la ruina para el molino llegó con la industrialización, que hizo poco rentable el mantenimiento del espacio», explica el hortelano.

En junio de 1996, y ante la sospecha de que bajo las ruinas pudieran estar los vestigios de un molino de rueda, se iniciaron unas catas arqueológicas que determinaron la existencia del mismo. A partir de entonces se han llevado a cabo diferentes proyectos de recuperación, que finalizarán con la remodelación del trujal.

«Animo a las empresas olivareras a apostar por este espacio, que es único en Sevilla», reivindica Manuel Lara.