El cementerio es un lugar al que se va, al menos, una vez en la «vida». La diferencia está en cómo llegar. Los hay que van en sus propios vehículos, con la dificultad añadida de tener que buscar aparcamiento, o en taxi. También andando. Todos evitan, aunque sin remedio, llegar en un coche fúnebre. Que ya habrá tiempo. Otra opción, la más económica, es ir al camposanto en la línea 10 de Tussam, que se convierte en la proximidad del Día de Todos los Santos en el autobús de las flores.

Plaza Ponce de León. Jueves 30 de octubre. Pasan algunos minutos de las once de la mañana. El trasiego de transeúntes es constante. Los hay que esperan, los que corren y los que llegan al andén con un ramo de flores. Estos últimos se agolpan en la parada de la línea 10, la que se dirige al cementerio de San Fernando.

Allí coinciden con otros tantos sevillanos con cubos, bayetas y «mistol» (de marca blanca) con lo que escamondar las tumbas de los seres queridos. «Se pasa mal, porque son muchos recuerdos, pero hay que ir; de niña fui con mis abuelos, con mis padres y ahora me toca ir a mi con mi hija», explica Carmen, una señora de unos 70 años, algo limitada en sus movimientos, que necesita ayuda para acceder al autobús.

La visita al camposanto es una tradición todavía arraigada entre los sevillanos. «Suelo ir poco, pero en estas fechas siempre saco un ratito para acercarme», añade Manuel. En una mano, un ejemplar de ABC de Sevilla y en la otra un ramo de flores, de plástico. «Duran más y son más baratas», explica mientras que alza la vista por si llega el autobús.

Una usuaria de Tussam, de camino al cementerioA escasos cincuenta metros de la parada del 10, un comercio regentado por una familia de chinos hace su agosto en noviembre. Los ramos de flores de plástico rara vez superan los cinco euros. Tiendas multiprecios, las llaman. Desde un euro puede comprar un ramillete de tela. El dependiente conoce bien la tradición y ha sacado a exposición todo el género. De vuelta a la parada, Manuel vuelve a alzar la vista, impaciente, para divisar el 10 que distingue a su autobús.

Cada cinco minutos para uno de los convoyes de la línea 10. Una frecuencia inusitada que también agradecen los vecinos de San Jerónimo que van al centro a sus quehaceres diarios. Dada la demanda de esta línea, Tussam ha establecido un servicio especial al cementerio con motivo del Día de Todos los Santos, incrementando el número de autobuses en un 60 por ciento con respecto a su oferta habitual.

El centro, en la plaza Ponce de León, se conecta con el cementerio de San Fernando en no más de 15 minutos y justamente diez paradas. Durante el recorrido son más los usuarios que suben que los que bajan. La mayoría va al camposanto. La media de edad es alta, sobrepasa con creces los sesenta años. Más mujeres que hombres. Ellos, acompañando. El año pasado, de las 1.840 usuarios que utilizaron el servicio especial al cementerio, el 44 por ciento eran personas de la tercera edad.

«Se ve menos gente que el año pasado», explica uno de los conductores de Tussam. «Supongo que es pronto y que el mayor volumen de pasajeros llegará este viernes y, sobre todo, el sábado», argumenta mientras se oye recurrentemente el pitido de la canceladora del bonobús.  «Se ven menos ramos de flores que otros años y, por lo general, son pequeños», añade.

El día 1 de noviembre, además de reforzar la línea 10 con tres coches, se establecerá un servicio especial, que tendrá el mismo recorrido y paradas que esta línea, funcionando como una línea independiente, debidamente señalizada,  y solo en el tramo entre la terminal de Ponce de León y el propio cementerio. La línea que prestará servicio desde las siete de la mañana hasta las 18 horas, coincidiendo con el horario de apertura del cementerio, dispondrá de ocho coches con frecuencia de paso de aproximadamente cinco minutos.

Suena una locución. «Próxima parada: Avenida Doctor Fedriani, cementerio». «¿Está dado?», pregunta uno de los pasajeros. La luz de aviso de parada encendida. Se abren las puertas. Pocos son los que se quedan en el autobús de la línea 10, una de las formas más económica de llegar al cementerio. Al menos, cuando se va de visita.